Dates, ¿que inventen ellos?

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Dos adultos, una cita a ciegas a través de una web. Episodios de 25 minutos. A estas alturas del partido no sugiere nada del otro mundo. Una cursilada con escena al borde de la alerta de incendio por exceso de velas, a la americana; o una historia plana de arquetipos con algún chascarrillo pasado de vueltas, a la española. Dates no es ni lo uno ni lo otro. Es británica, creada por Bryan Elsley para Channel 4 y que desde principios de noviembre puedes ver en Canal + o Yomvi (y también se puede descargar, pero no lo hagan, es ilegal).  Dates es una serie pequeña que no pretende hacer historia de la televisión. Pero es una maravilla, pobre pero honrada, una de esas ficciones que logran tratar al espectador con respeto, a su inteligencia y su sensibilidad. Algo muy difícil de encontrar en la televisiones españolas; y no me refiero solo a las tertulias políticas.

Tal vez los británicos no tengan mano con la gastronomía, pero de hacer ficción saben un rato y con los breves capítulos de Dates se han marcado unas “tapas de autor“ que te dejan con ganas de más.  De momento solo han hecho una temporada de 9 capítulos. Rezo todas las noches a Nuestra Señora de la Commonwealth para que haya una segunda. Vale, puestos a recomendar series británicas deberían ver The Hour o Peaky Blinders, pero si prefieren empezar por Dates tampoco se arrepentirán.

David y Celeste (Will Mellor y Oona Chaplin)
David y Celeste (Will Mellor y Oona Chaplin)

Durante los nueve capítulos vemos primeras citas entre desconocidos y algunos personajes que repiten cita o quedan con más de una. Hay desconfianza, miedo y esperanza a la vez. No he vivido la experiencia, pero me imagino que no tiene que ser nada fácil. Los personajes enseñan una parte de sí mismos, pero nunca sabemos si es la verdadera o tan falsa como el nombre que pusieron en la web. O la edad, en alguno de los casos.

Pero no se lleven la impresión de que es un puro drama, como en la vida misma hay momentos para todo porque, y ahí está su mejor acierto, los personajes no son planos, están llenos de recovecos y te descolocan continuamente. Eres el tercero en discordia, tan perdido como ellos hasta el final de la cita, casi siempre sorprendente. En los 25 minutos no hay un solo momento de descanso emocional. Cada episodio te deja tocado, pero con ganas de más.

Oona, ole tú

El primer capítulo ya marca el tono de la serie, con mis dos personajes favoritos y los que más repiten: David y Celeste (Will Mellor y Oona Chaplin). David lleva media hora de plantón, sentado en la mesa de un restaurante  esperando a su cita. Media hora que ella se ha pasado observándolo desde la barra. La cosa no puede empezar peor. Cuando empieza por fin la cita es un verdadero duelo. Ella es sexi, elegante, sofisticada. Él un camionero de pueblo que, como ella misma le hace notar, no sabe combinar su ropa. Celeste le trata con condescendencia, acostumbrada a manejar a los hombres con su sensualidad. Pero eso es lo que nos dicen las palabras, no las miradas. A David lo vemos seguro y aceptando lo que es, la mirada de Celeste es triste, desvalida. Para conseguir eso hay que tener buenos actores: Mellor y Chaplin están soberbios. Chaplin es magnífica dando la réplica, lo que no es nada fácil, expresando sin palabras, con la mirada. En eso me recuerda a otro gran descubrimiento ante la que me postro cada vez que la veo, Michelle Dockery, la fantástica Mary Crawley de Downton Abbey, otra maravilla de la ficción británica.

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Pero es que el segundo capítulo es aún más sorprendente, y el tercero, y ya no puedes parar.  Hay un médico (Stephen, interpretado por Ben Chaplin) del que, acabada la serie, todavía no se qué pensar. Me encantan esos personajes. Aparece en diferentes entregas: mi favorita es el capítulo 7, en el que liga inesperadamente durante un congreso. Y juntos nos enfrentamos, cada uno a un lado de la pantalla, a la insondable lógica femenina: un campo minado del que sale herido leve.

Greg Mchugh
Callum (Greg McHugh)

Y para acabar con los ejemplos tenemos a Callum (Greg Mchugh), en el capítulo 6, la muestra de que los buenos personajes son complejos y a veces contradictorios, como la realidad misma. Callum, como Usted y yo, tiene varias capas formadas por defectos y virtudes de fronteras borrosas. Al acabar el capítulo nos deja, como al cerrar un buen libro, muchas preguntas: ¿quién es este tipo, el del principio o el del final? ¿La primera impresión nos sirve para conocer a alguien? ¿Los defectos de alguien nos impiden descubrir sus virtudes, las invalidan?

Que inventen ellos

Pero, por encima de todas, a mi me deja otra: ¿por qué no se hacen series así en España? Dates no es como Deadwood, The Wire (por favor, en pie), Los Soprano o Broadwalk Empire. No es gran formato, que se dice. No necesita un presupuesto desmesurado, inalcanzable para la ficción española como Juego de Tronos, por ejemplo. Una serie como Dates debería ser asumible económicamente: escasas localizaciones, un buen guión y buenos actores, poco más. Y poco menos, claro.

Si te dejas de sectarismos a lo Montoro y el “grupo de la uniceja” que le secunda, está claro que, aunque no con tanta tradición y consideración social -importante- como los ingleses, tenemos buenos guionistas y muy buenos actores aquí. Tan buenos como ellos. De hecho Oona Chaplin, nació en Madrid, es española, hija de Geraldine Chaplin y nieta del genio. Aunque visto el panorama, mejor que continúe allí su carrera. Si no son los guionistas ni los actores ¿quiénes son los culpables, los productores?

Se dice que la ventaja de las series de cable americanas (HBO, Showtime, AMC, etc) es que al ser de pago tienen ingresos asegurados y pueden segmentar más la audiencia. Así se permiten cosas como The Wire, que parte de la premisa de su creador, David Simon, de “que se joda el espectador medio”, contraviniendo el primer mandamiento del guionista de televisión. Por contra, las series españolas (televisión generalista), para que sean rentables deben dirigirse a todos los públicos, con lo que, al querer enganchar a la vez al abuelo y a su nieto de 10 años es imposible hacer algo interesante y con cierta complejidad.

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Erica y Kate (Gemma Chan y Katie McGrath)

Pero Dates es de Channel 4, un canal abierto. La diferencia es que respeta a su audiencia y no pretende captar a todo el mundo a la vez. Hay más libertad creativa y está más pendiente de hacer algo inteligente y sensible que de colocar una escena o un diálogo cuyo único fin es vender una marca de leche. Pero si la serie, como ésta, es barata ¿de verdad no se compensa con la publicidad, dirigida a un target de mediana edad con capacidad de compra? Y no es la crisis, en nuestros años de abundancia la cosa no era mejor.

Pero puede que los productores no sean los únicos culpables y tengan algo de razón, tal vez el público español rechace las complejidades y sutilidades de una serie como Dates.  Falta de costumbre, si te has criado con telenovelas en que se tiene que explicar con una música determinada o, incluso diciéndolo directamente, lo que ya es evidente con un poco de atención.

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Jenny y Nick (Sheridan Smith y Neil Maskell)

A ver quién es más estúpido

A veces se ha criticado a alguna serie el que todos los personajes sean demasiado inteligentes y los diálogos brillantes. Me vale si con ello quieres decir que son increíbles y que te sacan de la acción, pero no es lo mismo una cosa que otra. Porque a veces me da la impresión que los productores prefieren que los personajes sean muy tontos, hagan cosas estúpidas y digan cosas aún más idiotas, porque así nosotros, los espectadores, parecemos listos. Y eso nos tranquiliza. La verdad es que visto cómo nos hablan los políticos a los que seguimos votando, algo de razón tienen. Lo siento, así a bulto no damos la impresión de ser muy inteligentes.

Pero, dicho esto, no creo que sea yo el único bicho raro que prefiera que los personajes sean más listos que yo: así podré aprender algo. Tal vez si lo probaran, el público respondería. En épocas pasadas se hicieron buenas ficciones con pocos medios, en aquella televisión con solo dos canales. Yo creo que sí se puede.

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