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El soldado Wojtek

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Documentándome para el pasado post sobre Stubby me encontré con Wojtek, el soldado más famoso de la 22 compañía de suministros de artillería del Segundo Cuerpo del ejército polaco durante la Segunda Guerra Mundial. Enrolado durante el paso de los polacos por Irán, camino a Egipto, embarcará con el resto de compañeros en Egipto para la invasión de Italia.

Y se hará famoso en Montecassino, una de las batallas más sangrientas de toda la guerra. Allí mostrará un valor incalculable y se ganará el respeto de todos sus camaradas.

A estas alturas sospecharán que se trata de otro perro, como Stubby, corriendo entre las balas, ejerciendo de correo o enlace. Pues se equivocan, Wojtek era un enorme oso pardo.

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Adolf Hitler, el multimillonario

hitler despachoCuando se suicida el 30 de abril de 1945,  Adolf Hitler ya se ha convertido, por méritos propios, en uno de los mayores criminales de la Historia. Es el responsable (tal vez el mayor, pero no el único, estuvo bien asesorado) del asesinato de millones de personas y del sufrimiento de otras tantas.  Había arrasado buena parte de Europa, incluyendo su propio país.

Ante eso lo demás es secundario, por supuesto. Pero creo que no está de más recordar que los nazis, con su jefe a la cabeza, además de asesinos fueron unos ladrones. Durante años la propaganda nazi cultivó el mito del Hitler austero y abnegado al que no le interesaba el dinero ni las cosas materiales. Él todo lo hacía por su patria, el resto no le importaba. Y ese retrato fabricado por Goebbels y compañía incluso caló en sus enemigos: un líder loco con un ideario perverso al que solo le interesaba el poder, pero no el dinero. Claro que es muy difícil lo uno sin lo otro ¿no?

A sus 56 años, cuando se pega un tiro  en el búnker incapaz de enfrentarse al resultado de su obra, Hitler era multimillonario, con una fortuna estimada en unos 700 millones de marcos, cuando el salario medio era de 1.500. Amasó una fortuna que la agencia tributaria alemana, por cierto, ni olió.

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The Summit y kale borroka barcelonesa

Aviso, este artículo puede parecer un poco desorganizado. Pero la realidad es así, fragmentaria, caótica y cambiante. Bueno, eso y que no doy para más. Habla de una peli (The Summit, 2011) sobre otra peli (Cumbre del G8, 2001); una especie de “Cómo se hizo”. La peli original fue dirigida por Silvio Berlusconi y producida por el G8. Una superproducción con miles de extras, traiciones, torturas y violencia. Al final la chica de la peli, Democracia, muere. Pero para explicarla bien tengo que dar saltos en el tiempo que, además, está muy de moda.

Present Day. Abril de 2012. El ministro del Interior del Reino de España anuncia que su ministerio, conjuntamente con otro llamado de Justicia, trabaja a destajo para endurecer el código penal contra el vandalismo callejero, equiparándolo a la kale borroka, o sea, al terrorismo. Contagiado con la velocidad decreto ley de otros ministerios peperos, se pretende que esté listo antes del verano. El Molt Honorable president de la Generalitat, Artur Mas, y otros ilustres están en la línea.

Ahora, un Flashback. Julio de 2001, Génova. Reunión del G8. Los líderes del mundo libre están encerrados en una especie de castillo del medievo fuertemente protegidos por un ejército policial mientras en las calles de la ciudad la vida real no parece encantada por tan ilustres visitantes. A Génova llega un movimiento altermundista que crece de manera muy inquietante para algunos. Hay que cortar tanta protesta y tanta leche, vamos a ver cómo lo hacemos.

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Esos políticos valientes

De los productores de “derechos = privilegios”, los creadores de “neoliberal = técnico apolítico” y los guionistas de “fontanero autónomo = empresario”, llega con más fuerza a sus pantallas (no es nuevo) “El político valiente”. Al minuto de convocarse por los sindicatos mayoritarios una Huelga General para el 29 de marzo veremos protagonizar dicho papel, un clásico de la escena, a Mariano Rajoy, Artur Mas y otros tantos. Ha llegado su hora, el momento de ponerse los leotardos en una cabina a toda pastilla para combatir a la turba de supervillanos que convocan una huelga. A éstos nuevos héroes no les temblará el pulso contra los huelguistas y sindicatos. Pero los políticos valientes son tantos e intercambiables que a veces cuesta apreciar al verdadero. ¿Cómo reconocerlo?

Al político valiente lo reconocerán porque no le tiembla el pulso a la hora de seguir a pies juntillas lo que dictan los mercados, algo difícil de definir, tan etéreo… pero que al final se las arregla para pagar la campaña electoral del susodicho. Y si sale mal acaba condonándole la deuda, alehop.

El político valiente es el que viendo la situación desesperada de muchas familias pega un puñetazo en el escritorio acolchado y le pide a los bancos, porfi porfi, un código de buena conducta ante los desahucios o, en su defecto, que le dejen volver a casa mas tarde de las 10.

Porque el político valiente, inflamado por su voluntad de servicio público y su visión de estado, se arriesga a ser caricaturizado e insultado en las calles. ¿Quién soportaría que le silben e incluso le ridiculicen haciendo muñecos, mofa y escarnio mientras él, estoico, aguanta en su despacho trabajando, hablando con la policía o viendo fútbol en la tele?  Por cierto, lo de los pitos e insultos me suena a lo de Cristiano Ronaldo cada domingo que juega fuera, y con la gente mucho más cerca.

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