Archivo de la categoría: Mucho cerdo y poca corralina

Noticias y hechos  indignantes con personajes despreciables. Nunca hubo corralinas suficientes para tantos cerdos. Triste, pero cierto.

Muslyumovo, el culo del mundo

El pueblo de Muslyumovo, en la República de Tartaristán a unos mil quinientos kilómetros al este de Moscú es, casi oficialmente, el culo del mundo. Dicho esto con todo el respeto a sus cerca de 4.000 habitantes. No lo digo yo, lo dice el Worldwatch Institute, que lo califica comoel lugar más contaminado del mundo”. 

En un planeta cada día más sucio, el galardón no es moco de pavo.  La isla de basura del Pacífico (también llamada sopa de plástico), por ejemplo, está ahí disputándole el sitio. Esto último al menos aparece de vez en cuando en el informativo; Muslyumovo ni eso. Olvidados, la radioactividad mata a la chita callando. 

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Sandblasting = jeans + silicosis

Puede que no sepas lo que es el sandblasting. Yo tampoco hasta hace nada. Pero mira en tu armario. O simplemente dirige tu vista hacia tus piernas. Es posible que lleves tejanos. Aunque tú tal vez los llamas jeans.

Es posible que te hayan costado una pasta, incluso que hayas tenido que ahorrar para comprártelos. Míralos, recién estrenados y medio rotos. Descoloridos estratégicamente siguiendo las instrucciones del diseñador de turno. Unos jeans de lo más trendy, que dirían los entendidos de la tribu.

Hubo un tiempo en que los tejanos los desgastabas tú. Tengo ya una edad y lo recuerdo perfectamente. Tenías que trabajártelo a base de lavadoras de tu madre, de arrastrase por campos de tierra soñando que serías futbolista o dándote porrazos con el skate.

Pero ahora todo va más deprisa, tiene que ir mas deprisa. No conviene que unos pantalones te duren años, hay que engrasar la máquina del consumo. Ahora otra persona los va a desgastar por ti. Haciendo sandblasting, que suena a deporte de riesgo pero no lo es. Deporte digo, riesgo sí tiene. Y mucho.

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Deutsche Bank, ¿susto o muerte?

En el Deutsche Bank, el mayor banco alemán, se apostaba por la muerte. Con ello no quiero decir que participara de manera directa o indirecta en operaciones de tráfico de armas o de drogas, dios me libre, estoy seguro de que eso no ocurre. Me refiero a la noticia que esta semana ha publicado el diario Frankfurter Allgemeine y que ha sido recogida por varios medios españoles.

El Deutsche Bank creó unos fondos llamados DB Life Kompass (1, 2 y 3, invierta otra vez) en el cuál los clientes apostaban por la esperanza de vida de unos conejillos de indias anónimos. La apuesta se basaba en una estadística sobre esperanza de vida de unos 500 norteamericanos de entre 70 y 90 años. Si el paciente moría prematuramente (antes de lo que indicaba la estadística) el cliente ganaba, si vivía más, ganaba el banco. Todo un detalle por parte del DB no hacerlo al contrario; visto lo visto, no es tan evidente.

Las diferentes emisiones de este producto financiero han captado hasta ahora unos 200 millones de euros.

Según el noticiario televisivo cuya cadena ya no recuerdo (sí recuerdo que luego pusieron unos vídeos de primera, así que pudo ser cualquiera de ellos) la primera emisión se canceló en 2008, año en el que por primera vez la esperanza de vida de los estadounidenses dejó de crecer, malo para el banco. Y el caso se destapa ahora porque un abogado de Hamburgo, Tilman Langer, ha solicitado un  proceso de arbitraje al defensor del consumidor de la Asociación de Bancos Alemanes (DBD). Langer no protesta porque le parezca obsceno el tipo de apuesta (el abogado representa a un grupo de 30 inversores que preferían muerte a susto) sino porque alega que el banco usaba unas tablas de esperanza de vida obsoletas que perjudicaban a los inversores. O sea, que se apostaba a muerte con las cartas marcadas. Esos malditos viejos yanquis no se morían cuando tocaba ¡Qué falta de ética! claman los inversores.

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Sal de la crisis hecho un bankero

Mira que era fácil. Tanto indignado, tanto 15M, tanta movilización, con lo que eso cansa y lo complicado y fatigoso que es organizarlo y movilizarse. La solución la tiene Rodrigo Rato, y como todas las soluciones brillantes de verdad, era muy simple. Hacerse bankero por 1.00o euros. Anímense, Luis y María, arquitecto y pediatra en sus ratos libres, ya lo son y se les ve felices, no con la cara de hipoteca que tenemos la mayoría.

Aquí mi primo Manuel, de profesión jefe (la más valorada en España desde tiempo inmemorial) no tenía suficiente con eso y ha decidido dar el salto, también es bankero.

La chica con dos carreras y con una beca de investigación de 800 euros al mes es el próximo anuncio. Además, nadie dice que no pueda seguir siendo bankera cuando emigre a Alemania. Incluso en el anuncio su abuelo puede salir haciéndole una ruta de lugares interesantes que conoció cuando fue a trabajar a la Volkswagen. Qué tiempos.

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Cómprate unas zapatillas veganas, multiculturales y sostenibles

Hoy, por cuestiones laborales (no me gano la vida con esto ¿lo pueden creer?) he recibido una nota de prensa que vendía unas zapatillas deportivas o sneakers, con perdón. “Se trata de una zapatilla ecológica y vegana (eco-vegana), puesto que renuncia a cualquier uso de materiales de origen animal”, decía la nota. También decía que las zapatillas veganas valen 75€.

Esto roza el vomitiv marketing, tendencia cuya etiqueta me atribuyo (con un par), tal como podéis leer en mi entrada sobre el ‘caso Galiano’. Ahora estoy a la espera de lo próximo que me quieran vender y que sea vegano, se admiten apuestas.

Que conste que en la sección ‘corralina’ están los tipos que se valen del veganismo para venderme unas zapatillas, no quienes practican esa filosofía. Toda persona mayor de edad (el tema de los niños pequeños es más espinoso) es libre de comer lo que le apetezca y me parece una opción tan respetable como disfrutar un buen asado.

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