Archivos de la categoría Mucho cerdo y poca corralina

Noticias y hechos  indignantes con personajes despreciables. Nunca hubo corralinas suficientes para tantos cerdos. Triste, pero cierto.

El gen rojo de Vallejo-Nájera

El psiquiatra Antonio Vallejo-Nájera tenía un sueño, y persiguió ese sueño sin importar los obstáculos. Se mostró proactivo, dio su mejor versión, en la confianza de que todo al final saldría bien si perseveraba y se alejaba de los cenizos que pensaban que no lo conseguiría. Salió de la zona de confort y no dejó que nadie le dijera que no podía hacerlo. El sueño de Vallejo-Nájera era descubrir el gen rojo. 

No lo consiguió, pero dejó un ejemplo.

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Hillsborough, tragedia + infamia

El 27 de abril de 2016 se cumplió un nuevo capítulo oficial en la infamia que se vivió tras aquel terrible partido de fútbol en  Hillsborough, el 15 de abril de 1989.  Esta vez en sentido positivo. Un jurado determinó que la muerte de 96 seguidores del Liverpool el 15 de abril de 1989 fue un “homicidio involuntario” causado básicamente por la incompetencia policial.

Con la sentencia se hacía oficial en los tribunales una verdad ya aceptada, sobre todo desde que empezaron a filtrarse informes policiales y en 2012 el primer ministro David Cameron admitiera públicamente que la policía amañó pruebas para ocultar sus fallos y culpar a las propias víctimas.

Un  triunfo de la verdad  que ha necesitado de la perseverancia  contra viento y marea de los familiares de las víctimas durante 23 ó 27 años, según se mire.

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Silencio

Je suis ParisLos que han tenido la desgracia de vivirlo dicen que lo más impresionante de una catástrofe inesperada es el absoluto silencio que sucede a los primeros segundos del hecho, cuando todos los vivos, en shock, intentan entender lo que está sucediendo.

Luego la vida vuelve: lamentos, rabia, miedo, etc. Ya estamos en ello, en la tele y en la redes sociales. Escucho y leo algunas cosas que me parecen inteligentes, otras estúpidas y otras miserables. Ruido, mucho ruido. Es humano e inevitable. Yo no voy a hacer más ruido, porque no tengo nada inteligente que añadir y no quiero caer en ninguna de las otras dos categorías.

Pero, sobre todo,  porque creo que todavía sigo en esos primeros segundos de silencio, intentando entender qué está pasando.

beirut

Drapetomanía y disestesia, males del esclavo

Samuel Adolphus Cartwright (1793-1863) fue un médico miembro de la Louisiana Medical Association e inventor de una enfermedad: la drapeotomía. Nació en Virginia, estudió en Filadelfia y Louisiana y una vez licenciado practicó la medicina en Alabama, Mississippi y Nueva Orleans, antes de la Guerra de Secesión americana. No me enrollo, es importante situarlo.

Aparte de otros posibles méritos, el buen doctor ha pasado a la historia por sacarse de la manga dos curiosas enfermedades: la drapetomanía y la aethiopica disestesia. Pasen y pásmense.

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Las mujeres del doctor Moebius

En el año 1900, Paul Julius Moebius publicó en Leipzig el ensayo “Sobre la inferioridad mental de la mujer”. La intención del médico y psiquiatra alemán, famoso en su tiempo, era aconsejar a sus colegas para que trataran a sus pacientes femeninas de manera diferente a los hombres.

Según él,  cometían el error de concebir los cuerpos de las mujeres como iguales a los de los hombres salvo en sus órganos sexuales.

Moebius tenía claro que eso no era así: la mujer no era igual al hombre, era físicamente diferente. Y mentalmente inferior. Esta inferioridad no es patológica, sino natural. La Naturaleza (no hay referencias a dios, es un científico) ha adaptado el cuerpo femenino a su rol de parir y cuidar a los hijos, y en esa adaptación va incluida la inferioridad mental.

Si entiendo bien al doctor, la inteligencia de una mujer adulta sería la misma que la de un negro, y se encontrarían ambas entre la de un varón blanco (en la parte superior, aclaro) y un niño. No se especifica, pero entiendo que el niño en cuestión también sería blanco. No he encontrado ninguna tabla, así que desconozco qué inteligencia presume Moebius a una niña negra.

moebius_libro2Julius no solo tocó lo fisiológico, también era psicólogo así que profundizó en ese ámbito. La mujer es más instintiva, más ’animal’ y menos dotada para el pensamiento conceptual y asociativo. Son egoístas (aclara el doctor que eso es bueno), no entienden el sentido de la justicia, son vanidosas y dadas a las murmuraciones. Pueden ser buenas intérpretes pero nunca creadoras.

También son proclives a mentir. Esto último tiene su explicación (¿qué creían?). Como están marcadas por su rol sexual -que es el de ser deseadas, no desear- ocultan su deseo, con lo que mentir se convierte en algo natural en ellas.

Moebius las prefiere tontas

Tras concluir con éxito su primer cometido, “ser deseadas”, llega su razón de ser: procrear y cuidar a la prole. Y para eso es mejor no ser demasiado inteligente ni estudiosa. De hecho, según el doctor, eso es contraproducente para sus funciones maternales.

Y por eso la sabia naturaleza las ha hecho más tontas, si se me permite con la palabra rebajar el rigor científico del señor Moebius. De esa inferioridad se deduce, yendo al fondo de todo esto, que le conviene estar sujeta a la autoridad del varón.

Para su ensayo, Moebius toma de diferentes teorías y disciplinas. Hay cierto aroma a darwinismo, aunque el propio doctor abominara de las teorías del naturalista inglés. También bebió de Freud, del economista Adam Smith y su “egoismo positivo” y de la frenología de su tiempo, según la cual, la forma del cráneo establecía el carácter de la persona.

Coge cada uno de esos ingredientes y los combina a su manera para que encajen en su preconcebida visión del mundo. Y lo hace para darle más credibilidad a su trabajo, usando argumentos de autoridad, aunque deformados, para darle empaque científico.

Porque todo esto que acaban de leer fue publicado como un ensayo científico por un reputado doctor. En Alemania, en 1900; no hace tanto ¿verdad?

Da que pensar, y en múltiples direcciones.

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Kristallnacht, la noche gloriosa de Der Stürmer

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La noche del 9 al 10 de noviembre de 1938,  un país presuntamente civilizado se volvió loco y protagonizó uno de los actos más indignos de la historia contemporánea. Hito que no es nada fácil, con la propensión a los actos malvados que tiene la historia de cualquier época. Fue la Kristallnacht, la Noche de los cristales rotos. Por toda Alemania y Austria se desató la violencia contra los judíos. Las cifras varían pero se estima que hubo un centenar de muertos y más de 30.000 detenidos, que en su mayoría fueron deportados posteriormente a los campos de concentración. Para que nadie se confunda: los detenidos no fueron los linchadores sino las víctimas. Sus viviendas y comercios fueron saqueados,  las sinagogas incendiadas, así como las escuelas y hospitales judíos.

¿La causa? Según los nazis una reacción espontánea de ira antisemita en repulsa al asesinato en París  del diplomático Ernst von Rath a manos de un judío. En realidad fue una operación orquestada por la autoridades nazis. Con motivo del aniversario, estos días se publican nuevas informaciones por las que Hitler habría colaborado en la muerte del diplomático, negando la ayuda que le podría haber salvado, con el fin de tener la excusa para desencadenar la acción.

Pero la planificación por parte de las autoridades no absuelve de la vergüenza a una población que de repente atacó salvajemente a sus vecinos o que, en el mejor de los casos, miró hacia otro lado.  Bueno, lo de repentino no es del todo cierto.  El gigantesco y disparatado salto de castigar a toda una comunidad por el acto de uno de sus miembros no es producto de un mal momento.

Aquella infame noche debió ser una gran noche para Julius Streicher y la redacción de Der Stürmer. El fruto de un trabajo de años.
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