Archivos de la categoría Mucho cerdo y poca corralina

No hubo justicia para Riphagen

riphagen_portadaEn mayo de 1940 Alemania ocupa militarmente Holanda. Un país pequeño, que no había sufrido ningún conflicto militar en más 100 años y con un ejercito reducido y obsoleto no fue rival para el poderoso y moderno ejército de Hitler. En pocos días los alemanes se hacen con el control del país, de forma casi incruenta si la comparamos con otros lugares de Europa. Los alemanes consideraban a los holandeses como arios, así que no sufrieron el racismo con el que los ocupantes nazis se conducían en otros pueblos de Europa.

Obviamente todo esto no aplicaba a los judíos holandeses, que fueron duramente perseguidos. Los que no pudieron huir tuvieron que esconderse –como la famosa Ana Frank– para evitar ser deportados a los campos de exterminio.

Aunque un pequeño y débil movimiento de resistencia intentó ayudarles, también apareció otro grupo que olió negocio en el expolio y deportación de los judíos. Ya se sabe que donde unos ven desgracia hay emprendedores que ven una oportunidad.

Andreas Riphagen era uno de ellos.

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El gen rojo de Vallejo-Nájera

portada_Antonio_Vallejo_Nagera_Estudio (4 poder)“La idea de las íntimas relaciones entre marxismo e inferioridad mental ya la habíamos expuesto anteriormente en otros trabajos (…) La perversidad de los regímenes democráticos favorecedores del resentimiento promociona a los fracasados sociales con políticas públicas, a diferencia de lo que ocurre con los regímenes aristocráticos, donde sólo triunfan socialmente los mejores.”

“Recuérdese para comprender la activísima participación del sexo femenino en la revolución marxista su característica debilidad del equilibrio mental, la menor resistencia a las influencias ambientales, la inseguridad del control sobre la personalidad”. 

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Hillsborough, la verdad reluce

hillsboroughEl pasado 27 de abril se cumplió un nuevo capítulo en la infamia de Hillsborough.  Aunque esta vez en sentido positivo. Un jurado ha determinado que la muerte de 96 seguidores del Liverpool el 15 de abril de 1989 fue un “homicidio involuntario” causado básicamente por la incompetencia policial.

Con la sentencia se hacía oficial en los tribunales una verdad ya aceptada, sobre todo desde que empezaron a filtrarse informes policiales y en 2012 el primer ministro David Cameron admitiera públicamente que la policía amañó pruebas para ocultar sus fallos y culpar a las propias víctimas.

Un  triunfo de la verdad  que solo ha necesitado de la perseverancia  contra viento y marea de los familiares de las víctimas durante 23 ó 27 años, según se mire.

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Silencio

Je suis ParisLos que han tenido la desgracia de vivirlo dicen que lo más impresionante de una catástrofe inesperada es el absoluto silencio que sucede a los primeros segundos del hecho, cuando todos los vivos, en shock, intentan entender lo que está sucediendo.

Luego la vida vuelve: lamentos, rabia, miedo, etc. Ya estamos en ello, en la tele y en la redes sociales. Escucho y leo algunas cosas que me parecen inteligentes, otras estúpidas y otras miserables. Ruido, mucho ruido. Es humano e inevitable. Yo no voy a hacer más ruido, porque no tengo nada inteligente que añadir y no quiero caer en ninguna de las otras dos categorías.

Pero, sobre todo,  porque creo que todavía sigo en esos primeros segundos de silencio, intentando entender qué está pasando.

beirut

Drapetomanía y disestesia etiópica, males del esclavo

Samuel CartwrightSamuel Adolphus Cartwright (1793-1863) fue un médico miembro de la Louisiana Medical Association. Nació en Virginia, estudió en Filadelfia y Louisiana y una vez licenciado practicó la medicina en Alabama, Mississippi y Nueva Orleans, antes de la Guerra de Secesión americana. No me enrollo, es importante situarlo.

Aparte de otros posibles méritos, que se desconocen, el doctor Cartwright ha pasado a la historia por inventarse (sin comillas) dos “curiosas” (con comillas) enfermedades: la drapetomanía y la aethiopica disestesia. Pasen y pásmense.

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Las mujeres del doctor Moebius

Las mujeres de Moebius

En el año 1900, Paul Julius Moebius publicó en Leipzig el ensayo “Sobre la inferioridad mental de la mujer”. La intención del médico y psiquiatra alemán, famoso en su tiempo, era aconsejar a sus colegas para que trataran a sus pacientes femeninas de manera diferente a los hombres, ya que, según él,  cometían el error de concebir los cuerpos de las mujeres como iguales a los de los hombres salvo en sus órganos sexuales.

Moebius tenía claro que eso no era así: la mujer no era igual al hombre, era físicamente diferente. Y mentalmente inferior. Esta inferioridad no es patológica, sino natural. La Naturaleza (no hay referencias a dios, es un científico) ha adaptado el cuerpo femenino a su rol de parir y cuidar a los hijos, y en esa adaptación va incluida la inferioridad mental. Si entiendo bien al doctor, la inteligencia de una mujer adulta sería la misma que la de un negro, y se encontrarían ambas entre la de un varón blanco (en la parte superior, aclaro) y un niño; no se especifica, pero entiendo que el niño en cuestión también sería blanco. No he encontrado ninguna tabla, así que desconozco qué inteligencia presume Moebius a una niña negra.

moebius_libro2Julius no solo tocó lo fisiológico, también era psicólogo así que profundizó en ese ámbito. La mujer  es más instintiva, más ’animal’ y menos dotada para el pensamiento conceptual y asociativo. Son egoístas (aclara el doctor que eso es bueno), no entienden el sentido de la justicia, son vanidosas y dadas a las murmuraciones. Pueden ser buenas intérpretes pero nunca creadoras. También son proclives a mentir. Esto último tiene su explicación (¿qué creían?). Como están marcadas por su rol sexual -que es el de ser deseadas, no desear- ocultan su deseo, con lo que mentir se convierte en algo natural en ellas.

Tras concluir con éxito su primer cometido, “ser deseadas”, llega su razón de ser: procrear y cuidar a la prole. Y para eso es mejor no ser demasiado inteligente ni estudiosa. De hecho, según el doctor, eso es contraproducente para sus funciones maternales. Y por eso la sabia naturaleza las ha hecho más tontas, si se me permite con la palabra rebajar el rigor científico del señor Moebius. De esa inferioridad se deduce, yendo al fondo de todo esto, que le conviene estar sujeta a la autoridad del varón.

Para su ensayo Moebius toma de diferentes teorías y disciplinas. Hay cierto aroma a darwinismo, aunque el propio doctor  abominara de las teorías del naturalista inglés. También bebió de Freud, del economista Adam Smith y su “egoismo positivo” y de la frenología de su tiempo, según la cual, la forma del cráneo establecía el carácter de la persona. Coge cada uno de esos ingredientes adaptándolos a su manera para que encajen en su preconcebida visión del mundo. Y lo hace para darle más credibilidad a su trabajo, usando argumentos de autoridad, aunque deformados, para darle empaque científico.

Porque todo esto que acaban de leer fue publicado como un ensayo científico por un reputado doctor. En Alemania, en 1900; no hace tanto ¿verdad?

Da que pensar, y en múltiples direcciones.