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La inspiradora historia de James Robertson

Tiempo lectura: 3 minutos

Me comentan la noticia escuchada en la radio, voy a internet y me encuentro la historia inspiradora de James Robertson, un hombre de 56 años de Detroit que acude cada día puntual al trabajo, de lunes a viernes, en una fábrica de productos plásticos. En años no ha faltado ni un solo día, llueva o nieve. Hasta ahí no parece una historia para llegar desde Detroit hasta aquí.

Lo extraordinario, o tampoco tanto, es que empieza el turno a las 14 horas y se levanta a las 8 de la mañana para no llegar tarde. Pierde 6 horas diarias en llegar a la fábrica porque ésta se encuentra a 37 kilómetros de su casa y recorre la mayor parte del trayecto, 33 kilómetros, a pie.

Y luego, volver a casa, donde llega sobre las 4 de la mañana. En total le quedan unas cuatro horas de vida para sueño y ocio. O sea, que su ocio es dormir.

No lo hace por gusto ni por deporte, lo hace porque no hay transporte público y su trabajo no le da lo suficiente para comprarse un coche. En Detroit. El sueño americano.

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Yo también soy Charlie

Tiempo lectura: < 1 minuto

je-suis-charlieSe que no le importa a nadie, salvo a las pocas personas que se pasan habitualmente por aquí, pero sentía la necesidad de decir que yo también soy Charlie.

También se que hay otros dramas peores pasando ahora mismo en remotos lugares del mundo, esos a los que nadie importa, sitios por los que dios nunca pasó.

Pero cuando pasa en tu casa (a miles de kilómetros, París es mi casa) inevitablemente te afecta de manera especial. Y me duele un poco más cuando se trata de intentar asesinar la libertad de expresión, esencial para una sociedad sana. Y me duele aún más cuando se trata de hacer callar al humorista, al cómico, al comediante; llamen como quieran al oficio más digno del mundo. Son la sal de la tierra.

El post que sigue abajo, The Wipers Times, está dedicado a los héroes de Charlie Hebdo y a sus colegas de donde quiera que sean.

Hasta septiembre

Tiempo lectura: < 1 minuto

Se que el mundo continúa, que siguen muriendo inocentes en Gaza, por ejemplo. Pero yo me bajo de este cajoncito en la esquina del parque por unos días.

Me voy a tomar un descanso en este mes de agosto en el que, quien puede, huye de su rutina diaria. Intentaré estar alejado de pantallas y teclados todo lo que pueda. E intentaré volver en septiembre con historias que les parezcan interesantes, buscaré por ahí a ver qué hay.

 

La experiencia de ser otro

Tiempo lectura: 5 minutos

Esclavo de la actualidad como bien saben los lectores de este blog, hoy me he impuesto hablar de las elecciones europeas. Apasionante, lo se. Quiero empezar aclarando que el titular no hace referencia a que, viendo las encuestas, voy a hablar de una máquina que cambie a los representantes que el pueblo tiene pensado elegir por otros que se acerquen a la altura del reto que se nos presenta. Lamentablemente no existe tal artilugio mágico.

Pero sí hay otro en marcha que debería acompañar al acta de diputado, dietas, billetes en primera clase, tablet y demás prebendas. Junto a todo eso debería acompañar, como regalo, un pack de esos tan de moda: una invitación a vivir una experiencia.

A primera vista no es decir mucho. El lector avisado estará pensando que la publicidad, como con tantas otras, ha desgastado la palabra experiencia y ahora todo lo es: te compras una plancha (perdón, centro de planchado) para vivir la experiencia de planchar, un sofá para vivir una sit experience o la última marca de kleenex para vivir una experiencia de narices.

No, yo hablo de una de verdad. Habría que invitar a sus señorías a experimentar una sesión (tal vez dos para el señor Cañete) en la máquina para ser otro, un experimento que se está llevando a cabo en Barcelona.

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Síndrome de Cotard y “cotard inverso”

Tiempo lectura: 3 minutos

Un consulta médica en Japón en 2012. El paciente, de 69 años, se dirige al doctor en estos términos: “creo que estoy muerto, me gustaría conocer su opinión”. El médico, supongo que tras un momento de sorpresa, le hace ver que si estuviera muerto no podría estar hablando en ese momento. El paciente, efectivamente, no se lo explica, por algo ha ido a consulta. Lo imagino inquieto ante la falta de perspicacia del médico.  Después de un año de tratamiento psicológico el paciente se recuperó. “Ahora estoy vivo, pero estuve muerto una vez”.

En 1990, un joven escocés tuvo un accidente de motocicleta en el que recibió una fuerte contusión cerebral. Salió del hospital convencido de que estaba muerto. Su madre lo llevó a Sudáfrica y el calor le confirmó que le habían llevado al infierno, mientras su cuerpo seguía muerto en Escocia.

En 2004, un británico de 48 años llamado Graham se despertó un día convencido de que estaba muerto. Meses antes, aquejado de una profunda depresión, había intentado electrocutarse en la bañera y por eso estaba seguro de que su cerebro había dejado de funcionar: “les decía a los doctores que las pastillas no iban a servirme de nada porque no tenía cerebro, me lo freí en la bañera”.

Dejó de fumar y de hablar, perdió el interés por comer, no tenía sentido para un muerto hacer nada de eso. Los médicos le sometieron a un escáner cerebral que les sorprendió. Mientras Graham estaba despierto e interaccionando con otras personas su cerebro mostraba una actividad similar a una persona anestesiada o en estado vegetativo. Tras el tratamiento, Graham empezó a mejorar y acabó sintiéndose vivo de nuevo, aunque “las cosas se ponen un poco raras a veces”.

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Israelíes y palestinos a ritmo de Gangnam Style

Tiempo lectura: 3 minutos

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Llegaron a la fiesta a poner orden, pero algo se torció. Y acabaron sancionados, claro. Suspendidos de su cargo mientras se investiga el caso. Las fuerzas armadas declaran que el incidente “es de la máxima gravedad” y que los soldados implicados “deberán aclarar las causas”.

No es para menos, háganse la idea: Hebrón, o sea, Cisjordania, Palestina. Unos jóvenes palestinos de fiesta en un local nocturno (algunas fuentes hablan de fiesta ilegal) y una patrulla de soldados israelíes perfectamente armados entra al local. Quien no conozca la noticia y haya leído hasta aquí –incluyendo lo de “la máxima gravedad” – ya imagina el final: lágrimas, sangre, heridos, algún muerto. Lo normal en estos casos, rutina en Tierra (demasiado) Santa. Lo siguiente es que unos hablen de provocación y otros de un uso desproporcionado de la fuerza y víctimas inocentes.

Pero quien conozca la noticia sabe que no es nada de eso. En los telediarios e internet hemos podido ver el video colgado en youtube que recoge la polémica escena: todos juntos bailando el Gangnam Style como si no hubiera un mañana. Y puede que por eso, precisamente, lo haya.

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