Archivo de la categoría: La zona gris

Nunca es blanco o negro pero hay situaciones y personas que habitan en territorios especialmente grises

La Tercera Ola

Tiempo lectura: 7 minutos

 

La civilización no suprime la barbarie, la perfecciona.
(Voltaire)

En 1967, Ron Jones era un joven profesor de Historia de la Cubberley High School, en Palo Alto, California, que se había encontrado a menudo con una pregunta de sus alumnos: ¿cómo pudo prosperar el nazismo en un país tecnológica y culturalmente tan avanzado como la Alemania de los años 30? Su respuesta fue crear La Tercera Ola.

Iba a ser solo una semana, pero una semana muy intensa para sus alumnos. La velocidad con la que aceptaron el experimento es escalofriante y sorprendió a todo el mundo. El propio creador se vio afectado y reconocía posteriormente: “Mi ego se infló, me gustó”.

Pero vayamos paso a paso, son sólo cinco días.

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Alma Rosé, música para sobrevivir

Tiempo lectura: 5 minutos

 

Alma Rosé era una obsesa de la música y como tal una directora de orquesta severa y muy perfeccionista. Cuentan que durante un concierto interrumpió la interpretación, visiblemente enfadada, porque entre el público algunos hombres hablaban demasiado alto.

Hasta aquí algo casi normal. Pero la cosa cambia si se abre el encuadre y vemos el escenario. Alma Rosé era judía, directora de la orquesta femenina de Auschwitz-Birkenau y su distinguido público los SS encargados de torturar y asesinar a los presos. Dioses para los que matar a un preso era un acto tan banal como encenderse un cigarrillo.

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Milgram y la obediencia debida

Tiempo lectura: 5 minutos

 

La extrema buena voluntad de los adultos de aceptar casi cualquier requerimiento ordenado por la autoridad constituye el principal descubrimiento del estudio.
Stanley Milgram (Los peligros de la obediencia, 1974)

El antidisturbios que golpea al anciano en youtube es su vecino, coincide con usted en el parque donde los hijos de ambos juegan juntos. El director de la sucursal que le vendió preferentes a unos jubilados analfabetos está a su lado en la barra del bar, tomando lo mismo que usted. El broker experto en evasión a paraísos fiscales se enamoró de la misma mujer que usted, y a él tampoco le hizo ningún caso.

La señora ministra, a la salida de su última reunión con el lobby de armamento, no puede dejar de pensar en esa mancha que le ha salido en el brazo. La jueza toma las mismas pastillas que usted para poder dormir.

Por las calles, las universidades, las plantas nobles de los bancos, los palacios y los estadios de fútbol caminan algunos verdaderos psicópatas. Son muy pocos. Fanáticos hay unos cuantos más, pero siguen siendo minoría.

El resto son personas como usted y como yo: personas normales, mediocres si me permiten, que, en determinadas circunstancias pueden convertirse en torturadores, sobre todo si cumplen órdenes de otros.

En julio de 1961, Stanley Milgram, psicólogo de la Universidad de Yale, realizó un conocido experimento  en el que intentaba medir hasta dónde llega la obediencia a la autoridad cuando se enfrenta a la conciencia personal.

Los resultados sobrecogieron al propio Milgram.

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