Tuskegee, Guatemala y los límites de la ciencia

Tuskegee-Syphilis-Experiment-Report_john CutlerEntre 1946 y 1948, la Secretaría de Salud Pública de los Estados Unidos llevó a cabo un experimento en Guatemala sobre la sífilis. En ese mismo momento se empezaba a establecer el tratamiento con penicilina como el más adecuado y efectivo para curar la enfermedad; en 1947 ya era el tratamiento habitual. En ese momento, también, el mundo empezaba a asimilar la barbarie nazi descubierta al finalizar la guerra y liberar los campos de la muerte. Entre su largo catálogo de atrocidades: terribles experimentos clínicos con prisioneros.

Es en esos años cuando médicos estadounidenses llevan en secreto en Guatemala su experimento. El objetivo es probar la eficacia de la penicilina a la hora de curar y prevenir la sífilis y la gonorrea. Pero como había pocos pacientes, decidieron infectar a más. Les inyectaron la bacteria de la sífilis, sin su conocimiento, a unos 700 guatemaltecos: prostitutas, presos en cárceles o manicomios y demás gente prescindible. Luego se les suministraba penicilina para curarlos, aunque se desconoce el destino de los conejillos de indias involuntarios.

Todos los médicos, que sí sabían lo que hacían, eran estadounidenses. Entre ellos se encontraba el doctor John Cutler, que ya había participado en otro experimento similar, en Tuskegee, Alabama.

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Emparedadas para sentirse libres

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Durante la Edad Media y su largo epílogo, que a veces me pregunto si ha acabado del todo, una de las posibilidades que tenía una mujer para ser independiente y libre de señores, curas y maridos era hacerse bruja. Bueno, más bien las hacían, ellas probablemente solo se dedicaban a sanar con remedios naturales y a vivir su vida todo lo libremente que pudieran.

Y eso era un problema. Gordísimo. Esas mujeres se salían del redil dibujado por la autoridad eclesiástica y eran un mal ejemplo, tan intolerable que se montó toda una industria dedicada a reprimirlo a sangre y fuego, literalmente. Bueno, en realidad se dedicaba a aumentar el pánico social y cronificarlo todo lo posible en su propio beneficio, y para eso usaban la sangre y el fuego.

Aquello era muy peligroso, así que algunas mujeres intentaron otra vía, nada fácil tampoco, para ganar su independencia: emparedarse a voluntad. ¿Emparedarse hasta la muerte para ser libres?

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