El soldado Wojtek

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Documentándome para el pasado post sobre Stubby me encontré con Wojtek, el soldado más famoso de la 22 compañía de suministros de artillería del Segundo Cuerpo del ejército polaco durante la Segunda Guerra Mundial. Enrolado durante el paso de los polacos por Irán, camino a Egipto, embarcará con el resto de compañeros en Egipto para la invasión de Italia.

Y se hará famoso en Montecassino, una de las batallas más sangrientas de toda la guerra. Allí mostrará un valor incalculable y se ganará el respeto de todos sus camaradas.

A estas alturas sospecharán que se trata de otro perro, como Stubby, corriendo entre las balas, ejerciendo de correo o enlace. Pues se equivocan, Wojtek era un enorme oso pardo.

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La inspiradora historia de James Robertson

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Escucho la noticia en la radio, voy a internet y me encuentro la historia inspiradora de James Robertson, un hombre de 56 años de Detroit que acude cada día puntual al trabajo, de lunes a viernes, en una fábrica de productos plásticos. En años no ha faltado ni un solo día, llueva o nieve. Hasta ahí no parece una historia digna de llegar desde Detroit hasta aquí.

Lo extraordinario, o tampoco tanto, es que empieza el turno a las 14 horas y se levanta a las 8 de la mañana para no llegar tarde. Pierde 6 horas diarias en llegar a la fábrica porque ésta se encuentra a 37 kilómetros de su casa y recorre la mayor parte del trayecto, 33 kilómetros, a pie.

Y luego, volver a casa, donde llega sobre las 4 de la mañana. En total le quedan unas cuatro horas de vida para sueño y ocio. O sea, que todo su ocio es dormir poco.

No lo hace por gusto ni por deporte, lo hace porque no hay transporte público y su trabajo no le da lo suficiente para comprarse un coche. En Detroit. El sueño americano.

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Perros de la guerra

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No podemos saber qué pensaba el Sargento Stubby, del 102º regimiento de infantería de los Estados Unidos, cuando recibió su bautismo de fuego nada menos que en Chemin des Dames, que en febrero de 1914 no era precisamente el mejor sitio en el que estar. Salió de allí y se convirtió en alguien querido y respetado por sus compañeros. Se había ganado ese respeto después de servir durante 18 meses y haber participado en más de 15 batallas durante la Primera Guerra Mundial.

El segundo de los protagonistas de esta historia también fue un héroe de la misma guerra, aunque sirvió en el ejército francés y se distinguió principalmente en la batalla de Verdún. Se llamaba Satán, un curioso nombre para un soldado que, además, nunca mató a nadie.

Aunque no tan curioso si se tiene en cuenta que Satán, al igual que Stubby, era un perro.

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