Shell shock y la mirada de las mil yardas

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Hoy, 28 de junio, se cumplen 100 años del atentando de Sarajevo que supuso el inicio de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Una guerra de trincheras de barro donde se mezclaba sudor, sangre, mugre y muerte. Todo aderezado con explosiones y mucho ruido, sobre todo mucho ruido. Un sonido constante de explosiones, gritos, ametralladoras, crujir de huesos, llantos y quejidos de dolor. Locura, en suma, fuera de toda humanidad o humanidad en su máxima expresión, según se mire.

Ante semejante panorama a cada cual le da por una cosa diferente: histeria, pasividad, mutismo y apatía absoluta por todo lo que le rodea, falta de concentración o llanto incontrolable. Otros sufren episodios constantes de inestabilidad emocional, pesadillas recurrentes y muy vívidas, sudores fríos y ceguera o sordera histéricas. Algunos incluso experimentan convulsiones musculares espectaculares, pierden el control de su propio cuerpo en una especie de baile grotesco.

Aunque, de todas las manifestaciones la que particularmente me atraviesa cada vez que me la encuentro en una imagen, como la que encabeza esta entrada, es la mirada de los mil metros, o de la mil yardas (en su original en inglés, Thousand-yard stare).

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¿Quién era Kurt Gerstein?

gerstein - zyklon bLa noche del 20 al 21 de agosto de 1942 Göran von Otter viaja en un tren hacia Berlín. Una larga noche que no olvidaría jamás. Y ya es decir para un diplomático, nieto de un primer ministro sueco, que es el secretario de la delegación sueca en la capital del Reich durante la Segunda Guerra Mundial.

No hacía mucho que acaba de salir de Varsovia cuando se le acerca un oficial de la SS e inician una conversación. Supongo que empezaron con trivialidades. Entonces el tren se detiene en medio de un descampado y  deciden bajarse a estirar las piernas.  El alemán enciende un cigarro y de pronto la conversación cambia la vida de von Otter: “he visto algo horrible ayer”, dice el SS.  El sueco ya ha escuchado rumores y le pregunta si es sobre esas historias que se cuentan sobre los judíos. Sí, responde el alemán, que empalmando un cigarro con otro y con gran agitación atropella al diplomático con una historia increíble, una atrocidad que va mucho más allá de los rumores.

Le resultaba difícil mantener la voz baja. Permanecimos allí juntos toda la noche, unas seis horas o quizá ocho. Y una y otra vez volvía a recordar lo que había visto. Sollozaba y escondía la cara entre las manos”, contó después von Otter.

El oficial alemán es un SS llamado Kurt Gerstein, Jefe del departamento Técnico de Desinfección con orden de transportar grandes cantidades del gas venenoso Zyklon B al campo de Belzec. Allí se había encontrado con el Horror, en mayúsculas. Un plan para ejecutar a miles de personas. Gerstein, de fuertes convicciones cristianas, está tan horrorizado como arrepentido y le pide a von Otter que cuente la historia a su gobierno y al mundo.

Aquel hombre traumatizado será considerado, a la vez, un criminal de guerra y un resistente al nazismo. Aún hoy no está muy claro quién era Kurt Gerstein.

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The Hum, ese molesto ruidito

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Los primeros testimonios datan de finales de los años 40 en algunas zonas de Londres y Southampton. Pero el fenómeno más famoso, y que le da nombre, ocurre en Bristol, en 1979. Unas 800 personas dicen escuchar un ligero pero molesto zumbidoThe Humcuya procedencia no podían explicar. Lo describen como un motor diesel al ralentí.

El Bristol Hum es un sonido de baja frecuencia, es persistente y se capta sobre todo a partir de la medianoche y durante varias horas de la madrugada, tal vez porque el silencio habitual permite una mejor escucha. Se circunscribe geográficamente; al alejarse de la zona afectada, desaparece.

Pero el asunto no acaba en Bristol. The Hum  se vuelve a escuchar en Escocia durante los 80 y en Taos (Nuevo México) en 1992. Resurge en Kokomo, Indiana, en 1999, en diferentes lugares de Canadá en 2009 o en Woodland, Inglaterra en 2011. Posteriormente en Irlanda y Nueva Zelanda, y el fenómeno siguen ocurriendo en otros lugares

En algunos casos se ha llegado a localizar la causa y el foco. En otros, todavía es desconocido.

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Zoos humanos, un esqueleto en el armario

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Sara (Saartije en afrikáans) Baartman nace en 1789 en Cape Est, Sudáfrica, en la tribu de los khoikhoi. Siendo adolescente emigra  a Cape Flats, cerca de Ciudad del Cabo donde es esclava de unos granjeros. Pueden imaginar que la vida de la muchacha no debía ser idílica. En 1810 es vendida al británico William Dunlop, que se la lleva a Europa. Con apenas 20 años Saartjie sale de África rumbo a la civilización. A partir de ese momento su vida será aún peor.

Sara tenía esteatopigia, una condición que se da habitualmente en algunas tribus africanas por la que se acumulan grandes cantidades de grasa en ciertas partes del cuerpo, sobre todo en las nalgas. O sea, tenía un culo enorme, deforme para los patrones europeos. Así que a su llegada a Londres fue exhibida en ferias para deleite de los diminutos, o no tanto, culitos blancos. “La Venus Hotentote” (nombre peyorativo que los afrikáners daban a los khoikhoi) era presentada con ropa ajustada o directamente desnuda, sobre una plataforma en la que se le obligaba a “actuar”. Por un dinero extra podías tocarle el culo y así contarlo luego en el pub o el exclusivo club de bridge; y echar unas risas.

Cuando las protestas en Londres se hicieron muy sonadas, un domador de fieras la compró y se la llevó a París, donde siguieron explotándola durante más de un año. Luego el show decayó y fue obligada a prostituirse, cayó en el alcoholismo y murió. Tenía 25 años y hacía solo 5 que había llegado a Europa. Sara no pudo aguantar más civilización, pero la raza superior no tenía suficiente: su esqueleto, cerebro y genitales fueron expuestos en el Museo del Hombre de París. Allí permanece hasta que en 1994, que se dice pronto, Nelson Mandela pide a Francia la repatriación de sus restos, que serán enterrados en su tierra natal en 2002.

Sara no es un caso aislado, como Julia Pastrana y otros muchos freaks expuestos en ferias. Pocos años más tarde se van a poner de moda en Europa los zoos humanos, un episodio más de la infamia europea.

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