Las Cañitas

inquisición Goya-El Roto

Junio de 1603 en las Españas, concretamente Salamanca. La relación entre Inés de Santa Cruz y Catalina Ledesma era la comidilla, “había mucho escándalo y murmuración en el barrio”, según el acta. ¿Y por qué? Por “bujarronas”. ¿Qué me dices? Lo que oyes, ¿cómo te quedas? ¿No te habías enterao todavía? Si todo el mundo lo sabe, las cañitas les llaman.

Pero aquello no quedó en habladurías de tasca y lavadero. Aquello fue a juicio porque no se podía tolerar. Y del juicio quedaron actas, enterradas en el archivo de Simancas hasta que fueron rescatadas por el historiador Federico Garza Carvajal. Las sospechosas ya habían sido juzgadas dos años antes en Valladolid por el nefando crimen. El escribano no quería dejar lugar a dudas: “trataban una con la otra carnalmente como hombre y mujer poniéndose la una debajo y la otra encima y tenían un instrumento de caña hecho a forma de natura de hombre con el cual se conocían la una a la otra carnalmente y por dicho delito fueron desterradas de la dicha ciudad…“.

Aunque ellas no escarmentaban, eran reincidentes y parece que en Salamanca seguían igual, pecando contra natura obstinadamente. Según el explícito escribano, Inés “con sus manos la abría la natura a la dicha Catalina hasta que derramaba las simientes de su cuerpo en la natura de la otra por lo cual las llamaban las cañitas y esto es público y notorio entre las personas que las conocen”.

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Buster Keaton, el héroe del río

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La escena de hoy es en realidad el final de la película El héroe del río (Steamboat Bill, Jr., 1928), la escena del tornado, una de las más míticas de la historia del cine. El héroe del río es una película de Buster Keaton, codirector (junto a Charles Reisner) y protagonista. Junto a él en el reparto están Tom McGuire, Ernest Torrence, Tom Lewis y Marion Byron. Pero todos esos están para hacer bulto, con perdón, ya que el alma de la película es Keaton, una de las mayores estrellas de la época. Durante toda la película él es el completo protagonista, el resto de personajes son como objetos que le sirven para avanzar la acción. En la escena del tornado ni siquiera aparecen, es toda suya.

El argumento es bastante simple, la enésima adaptación de la historia de Romeo y Julieta. Dos propietarios de barcos fluviales en el Mississippi compiten por el control del negocio. El hijo de uno de ellos, Keaton, vuelve de la ciudad  y se nos presenta como un pijo inútil. Se enamora de una chica que resulta ser la hija del otro empresario y tiene que superar una serie de pruebas para conseguirla. O sea, la historia de todas las películas de Keaton. Pero vean las películas y se darán cuenta que eso importa una higa. La maravilla del cine de Keaton es ver cómo se enfrenta, con tenacidad e imaginación a todas las pruebas.

Toda el film tiene un ritmo que los que no han visto películas anteriores a Tarantino calificarían como ‘muy moderno’. Las películas de Keaton son historias muy simples en las que no te deja tiempo para aburrirte, lo que hace que sus mejores obras hayan aguantado muy bien el tiempo.  Con la escena del tornado, Keaton da un golpe de tuerca más.

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Claudette Colvin, la otra

claudette colvin

Si una ley es injusta, es lícito no acatarla
Henry David Thoreau
 
Mientras más obedecíamos, peor nos trataban
Rosa Parks

 

Empiezo a escribir esta entrada sobre desobediencia civil, a propósito del anteproyecto de ley mordaza  del gobierno de Rajoy, la misma noche en que muere Nelson Mandela; lo que demuestra que la historia es un bucle que a veces parece un camino recto. Mandela ganó y por eso estos días escucharán condolencias y alabanzas de gente que de haber coincidido con Madiba habría sido su carcelero, sin dudarlo y defendiendo la legalidad vigente. Probablemente, esa  no recordará que Mandela llamó a la desobediencia civil porque él tenía clara una cosa: lo legal y lo justo son dos cosas diferentes.

Tampoco verán que estamos donde estamos porque otros sí vieron esa diferencia y en su momento se opusieron a leyes injustas, como Mandela o las sufragistas inglesas, unas señoras muy desobedientes que consiguieron el voto para la mujer. O como Rosa Parks, la costurera que en diciembre de 1955 se negó a ceder su asiento en el autobús a un blanco, tal como marcaban las leyes de Alabama. Pasó la noche en el calabozo y pagó una multa de 14 dólares, pero a la vez fue un símbolo para el inicio del movimiento en favor de los derechos civiles y el fin de la segregación racial en Estados Unidos. Eso es lo que consiguió Rosa al no obedecer una ley injusta.

Buen momento para recordar a Parks. Aunque yo de quien quiero hablar hoy es de Claudette Colvin. La otra.

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Dates, ¿que inventen ellos?

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Dos adultos, una cita a ciegas a través de una web. Episodios de 25 minutos. A estas alturas del partido no sugiere nada del otro mundo. Una cursilada con escena al borde de la alerta de incendio por exceso de velas, a la americana; o una historia plana de arquetipos con algún chascarrillo pasado de vueltas, a la española. Dates no es ni lo uno ni lo otro. Es británica, creada por Bryan Elsley para Channel 4 y que desde principios de noviembre puedes ver en Canal + o Yomvi (y también se puede descargar, pero no lo hagan, es ilegal).  Dates es una serie pequeña que no pretende hacer historia de la televisión. Pero es una maravilla, pobre pero honrada, una de esas ficciones que logran tratar al espectador con respeto, a su inteligencia y su sensibilidad. Algo muy difícil de encontrar en la televisiones españolas; y no me refiero solo a las tertulias políticas.

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