Hedy Lamarr, el glamour de la inteligencia

 
Hedy Lamarr
actuó en unas 30 películas, junto a estrellas como Clark Gable, Robert Taylor o Spencer Tracy. También compartió reparto con alguna debilidad personal como George Sanders o John Garfield, y fue dirigida por gente como King Vidor, Cecil B. deMille o el gran Jacques Tourneur. Incluso hizo una película con el inclasificable Victor Mature como compañero de reparto, Sansón y Dalila (1949), su obra más famosa.  Pero no dejó de ser una estrella menor en aquellos años 40 que son al cine lo que el Renacimiento a la pintura. Se la nombró “la actriz más bella de la historia del cine”, cuando aún no había aparecido Ava Gardner.

Efectivamente fue una actriz muy guapa y con clase en una época en la que mientras Europa se desangraba Hollywood enseñaba al mundo lo que era el glamour, pero no estaba en el olimpo de las estrellas, ocupado por mujeres como Rita Hayworth, Ingrid Bergman,  Lana Turner o Lauren Bacall. Ni siquiera en el mío particular: Gene Tierney o Gloria Grahame, fueron señales del cielo para indicarme que dejaba de ser un niño, relevo que luego tomarían señoras como Elisabeth Taylor o Ava Gardner. Y para actrices de carácter ya estaban Bette Davies o Katharine Hepburn. Hedy Lamarr no había sido para mí más que una sombra fugaz hasta que descubrí su mejor obra, su vida. En 2009 se preparaba un biopic sobre Hedy que parece haberse quedado en el limbo. Venga, anímense, estamos esperando.

Si quieren una película fascinante con desnudos, guerra, espías, sexo, huidas espectaculares, sistemas de guía de misiles, wifi y teléfonos 3G, sigan leyendo. Con ustedes, Hedy Lamarr.

Sigue leyendo Hedy Lamarr, el glamour de la inteligencia

Historias de fútbol

Esta semana ha estado cuajada de fútbol. El lunes el Barça celebraba el título de Liga, el miércoles el Chelsea la Europa League y el viernes el Atleti la Copa de España. Así que llegó el momento de confesarme ante ese público que tanto me quiere y al que tanto debo: soy futbolero.

He evitado deliberadamente hablar de fútbol en este blog, hay otras cosas interesantes que ocupan mi mente durante más tiempo y de las que se habla menos. Hay mucho fútbol por ahí y pocas maiers y fryers. Pero esta semana sí toca.

El fútbol se ha hecho grande, entre otras razones, porque ha generado un montón de historias que nos muestran la naturaleza humana y porque ha sabido jugarle de tú a tú a la leyenda, a la mística. Hoy quiero hablarles de dos historias de fútbol que me han traído ante el teclado. Tienen nombres propios: el Trinche Carlovich y Alejandro Rodríguez.

Sigue leyendo Historias de fútbol

La Tercera Ola

La civilización no suprime la barbarie, la perfecciona.
Voltaire

 

En 1967, Ron Jones era un joven profesor de Historia de la Cubberly High School, en Palo Alto, California, que se había encontrado a menudo con una pregunta de sus alumnos: ¿cómo pudo prosperar el nazismo en un país tecnológica y culturalmente tan avanzado como la Alemania de los años 30?

Eran los años 60, en los que todo parecía por inventar, y Jones un profesor joven con ganas de enseñar Historia y hacerla viva en sus alumnos. Licenciado en Stanford y con buen currículum, era un profesor carismático que ofrecía una nueva manera de enfocar las clases. Sus alumnos eran chicos blancos, hijos de profesionales liberales en un momento en que en Palo Alto nacía la industria de la informática. Para enseñarles la época nazi y responder a tan trascendental pregunta, Jones decidió dar a sus alumnos una lección de las que valen para toda una vida y puso en marcha un experimento: La Tercera Ola.

Iba a ser una semana muy intensa para aquellos chavales. La velocidad con la que aceptaron el experimento es escalofriante y sorprendió a todo el mundo. El propio creador se vio afectado y reconocía posteriormente: “Mi ego se infló, me gustó”. Pero vayamos paso a paso, son sólo cinco días.

Sigue leyendo La Tercera Ola

Vivian Maier, por amor al arte

Era socialista, feminista, crítica de cine y campechana. Aprendió inglés yendo al teatro porque le encantaba. Solía llevar chaqueta de hombre, zapatos de hombre y un sombrero grande. Estaba tomando fotografías todo el tiempo y luego no se las enseñaba a nadie.

Blog de John Maloof

 

Vivian Maier muere en abril de 2009 a los 83 años en una residencia para ancianos de Chicago. Sin un dólar, en sus últimos años había vivido de la caridad de algunos niños a los que había cuidado siendo más joven. Porque Vivian se había dedicado la mayor parte de su vida a eso, a criar niños de familias bien de Nueva York y Chicago.

Pero la nanny tenía un secreto. Su primera condición para aceptar la labor de niñera en la casa donde trabajó más de 20 años fue tener un cuarto propio con cerradura. La familia  no sabe qué hace en ese cuarto tanto tiempo a solas. No se le conocen amigos, ni familiares, ni amores. Al fin y al cabo solo es la nanny, corren los años 60 y a pesar de habitar el mismo espacio viven en universos diferentes. Las familias a las que cuida no saben que en sus ratos libres pasea por las calles como una sombra para captar la vida con su Rolleiflex. Sus víctimas favoritas son los niños y los ambientes marginales, sombras entre los edificios de Nueva York y Chicago, como ella.

Luego se encierra en el cuarto oscuro y revela las fotos sin decírselo a nadie. Eso mientras le llegó el dinero, hacia el final apenas le llega para comprar los carretes, no puede permitirse revelarlos. Gran parte de su obra, que se estima en unos 100.000 negativos en total, está viendo la luz ahora por primera vez, tras su muerte. Durante su vida nadie vio sus fotos. La gran voyeur las mantuvo a salvo de cualquier mirada indiscreta. Disfrutaba haciéndolas por amor al arte, no necesitaba que nadie las viera. Tras su muerte va camino de convertirse en una de las fotógrafas más famosas de la historia.

Sigue leyendo Vivian Maier, por amor al arte