25N, Catalunya desde el aire

Queda una semana y sigo indeciso, tan despistado que no se ni en qué país vivo. El 25N hay elecciones al Parlament de Catalunya y parece que son las elecciones del siglo, como un clásico pero elevado a infinito y más allá. Se pretende iniciar un camino incierto que puede llevarnos a situaciones tan extremas como no saber qué competición jugará el Barça en los próximos años. Imagínense.

Aunque los mensajes apocalípticos, generalmente foráneos, no han calado en la sociedad catalana (en el Juicio Final llevaremos abogados y algo apañaremos antes de entrar en la sala) la cosa es seria. Y como veo que pasan los días y sigo sin ver la luz, decido echar un vistazo a los carteles electorales para que me iluminen. No soy un experto en comunicación política, ni en todo lo demás, pero acabo de recibir la tarjeta oro de Caprabo y eso debería significar algo. Tal vez encuentre la verdadera esencia de los partidos encerrada en unos píxels. En ese momento el espíritu de la democracia me susurra que pase de carteles y que base mi decisión informándome en los programas electorales. ¿Programas electorales? El espíritu ese es tonto perdido.  Sigue leyendo 25N, Catalunya desde el aire

La Mansión Winchester

Han sido días de darle vueltas en mi cabeza a varias noticias terribles, cómo no. Por un lado el estudio  de la Fundación La Caixa, con perdón, que dice que la pobreza extrema ya afecta a más de 2 millones de personas en España. Los datos deben ser ciertos porque de pobres La Caixa sabe un rato. Por ¿otro? lado, la muerte por desahucio en Barakaldo, que tiene relación estrecha con la noticia anterior.

En esas interconexiones de casas, muerte y culpa andaba mi mente cuando se puso a huir hacia adelante y me trajo a primer plano una historia que tenía escondida en alguno de sus trasteros: la Mansión Winchester.

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Menudo pájaro el tal Alex

Alex murió en 2007, aunque yo conocí su historia hace unos días a través de una página web que les recomiendo que visiten, naukas.com. Pueden ir allí directamente a leer el caso pero a mí me apetece contarlo. La vida de Alex estuvo siempre ligada a la de Irene Pepperberg, psicóloga en las universidades de Arizona, Harvard y Brandeis, y la persona que mejor le conocía. Junto a ella, Alex llegó a aprender unas 150 palabras. También diferenciaba objetos en función de su forma o su color y podía hacer sumas sencillas de menos de dos dígitos.

Así a simple vista no parece un genio, más si sabemos que cuando murió tenía 31 años de vida y había desarrollado, según Peppenberg, la inteligencia de un niño de 5 años y el nivel emocional de uno de 2. Lo asombroso del asunto es que Alex tenía el cerebro del tamaño de una nuez. Era un loro. Sigue leyendo Menudo pájaro el tal Alex