Trospicracia

Tróspido. Me encontré con ella una noche en twitter. Sonora, misteriosa, con la elegancia de una esdrújula. Las palabras agudas son trabajadoras, las llanas clase media y las esdrújulas la aristocracia del idioma. Fue amor a primera vista. La fuerza de la erre y la sensualidad de la de, combinadas con el acento, me cautivaron. Pero veo que no soy el único, Internet se ha enamorado de ella.

Parece ser que su descubrimiento se debe a @hematocrítico, un profesor gallego, bloggero y activo en twitter. Enhorabuena. Como buena parole fatale, es esquiva y no acabamos de saber qué quiere. Su significado no está del todo definido, en la RAE la acaban de conocer y sus señorías son gente prudente, no se pronuncian. Pero se ha llegado a un consenso: es un adjetivo que indica algo que está mal, que es desagradable, incorrecto o erróneo más allá de lo que pueden describir los adjetivos al uso.

Si te casas con tu prima tus hijos saldrán tróspidos. El gato de las tiendas de los chinos es tróspido (bueno, tal vez toda la tienda); un yogur caducado es tróspido.

Eso me lleva a preguntarme, ¿vivimos en una democracia tróspida? ¿Una trospicracia?

Sigue leyendo Trospicracia

Milgram y la obediencia debida

 

La extrema buena voluntad de los adultos para aceptar casi cualquier requerimiento ordenado por la autoridad constituye el principal descubrimiento del estudio.

 Stanley Milgram (Los peligros de la obediencia, 1974)

El antidisturbios que golpea al anciano en youtube es su vecino, coincide con usted en el parque donde los hijos de ambos juegan juntos. La directora de la sucursal que le vendió preferentes a unos analfabetos está a su lado en la barra del bar, ha pedido el café exactamente como usted. El broker experto en evasión a paraísos fiscales se enamoró de la misma mujer que usted, y a él tampoco le hizo ningún caso. El CEO de la agencia de calificación sufre por su hija, que va por mal camino, como la de usted. La señora ministra, a la salida de su última reunión , no puede dejar de pensar en esa mancha que le ha salido en el brazo. El del medio de la troika toma las mismas pastillas que usted para poder dormir.

Por las calles, las universidades, las plantas nobles de los bancos, los palacios y los estadios de fútbol caminan algunos verdaderos psicópatas. Son muy pocos. Fanáticos hay unos cuantos más, pero siguen siendo minoría. El resto son personas como usted y como yo: personas normales, mediocres si me permiten, que en determinadas circunstancias pueden convertirse en torturadores. Sobre todo si cumplen órdenes de otros.

En julio de 1961, Stanley Milgram, psicólogo de la Universidad de Yale, realizó un histórico experimento.  En él intentaba medir hasta dónde llega la obediencia a la autoridad cuando se enfrenta a la conciencia personal. Los resultados sobrecogieron al propio Milgram.

Sigue leyendo Milgram y la obediencia debida