Bruce, Brenda, David y el doctor Money

El doctor John Money, psicólogo neozelandés, se había doctorado en Harvard y desde 1951 hasta su retiro fue profesor de pediatría y psicología médica en la Universidad John Hopkins, en Baltimore. Su reputación como científico estaba fuera de toda duda y hasta su muerte recibió honores y distinciones. En el ambiente de los años 60 emergió como una figura relevante con teorías bastante radicales. La principal es que la identidad de género (sexual, no gramatical) se aprende, viene dada por la educación y no por factores biológicos. Cuando conoció el caso de Bruce Reimer quiso demostrar su teoría: Bruce se convertiría en Brenda, se le educaría como una niña y sería una niña el resto de su vida. El experimento salió muy mal.

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Catástrofe en la isla de Pascua

Cuando llegó el primero europeo a la isla de Pascua (Rapa Nui), el holandés Jakob Roggeveen en 1722, lo primero que tuvo que impresionarle, forzosamente, fueron los majestuosos moais (en idioma rapanui escultura) que le recibían dándole la espalda. Una vez en tierra descubrió una isla pobre y poco poblada y tuvo que preguntarse cómo es posible que tan poca gente y con tan pocos recursos pudieran levantar semejantes monumentos. Un misterio que se sigue discutiendo hoy día.

No se alarmen, esta entrada no va sobre el significado espiritual de los moais, quién los erigió (extraterrestres, dicen quienes subestiman a la raza humana) o cómo consiguieron hacerlo. Bueno, un poco sí. He llegado al tema leyendo el libro Colapso, en el que Jared M. Diamond estudia en el pasado y el presente el porqué algunas sociedades desaparecieron y otras perduraron. Una de mis lecturas optimistas para después de los telediarios.

Parece ser, al menos es la teoría más extendida esta mañana a primera hora, que entre los siglos XVI y XVIII hubo una hecatombe en dicha isla; una comunidad, no olvidemos, aislada completamente del mundo exterior, los únicos habitantes de su planeta. Una catástrofe medioambiental llevó a una cruenta guerra civil que casi exterminó a una población sumida en la desesperación que da el hambre. Y parece que los moais tuvieron algo que ver en ello.  Sigue leyendo Catástrofe en la isla de Pascua

“La Gran Niñera” en Nueva York

Tras perseguirlo con empeño, Michael R. Bloomberg, alcalde de Nueva York, lo ha logrado. Desde el pasado jueves 13 de septiembre la guerra contra la obesidad tiene una nueva baja: las bebidas azucaradas de gran tamaño. La Junta de Salud de Nueva York aprobó (8 votos a favor y una abstención) la prohibición de vender bebidas azucaradas de tamaño grande en locales de comida rápida, cafeterías, restaurantes, cines, estadios, salas de conciertos, teatros, lugares de trabajo y otros sitios dónde se vendan alimentos preparados. El tamaño máximo permitido para los envases será de 16 onzas, medio litro redondeando. La prohibición no afecta a los supermercados

Los argumentos de la alcaldía no son nuevos, se trata de luchar contra un problema real y preocupante, la obesidad que carcome la salud de los países ricos. El propio alcalde, en su cuenta de twitter se felicitaba por la nueva política diciendo que era “el mayor paso que cualquier gobierno haya tomado para controlar la obesidad. Ayudará a salvar vidas“.

La medida ha sido duramente criticada desde varios sectores. Evidentemente los lobbies de los fabricantes de refrescos están planteando batalla. Vale, son los malos, que les veo venir. Pero que a los productores de bebidas azucaradas les importe más la cuenta de resultados que la salud del personal no nos tiene que nublar el juicio ante argumentos de bastante peso. A mi me convencen.

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Cospedal, La Mancha, siglo XIX

Este mismo viernes, en El Fémur de Eva, Fani Grande nos alertaba sobre los polumbis, unos organismos transparentes que mueren cada vez que se comete una estupidez. Tal vez acabe de morir uno al empezar yo este texto, no lo niego, pero estoy convencido de que los polumbis estarán de luto por el holocausto que acaban de sufrir en Castilla-La Mancha. El parlamento autonómico (mayoría absoluta del PP) acaba de aprobar una resolución para que a partir de 2013 se rebaje el número de representantes a la mitad y que los diputados no cobren un sueldo, únicamente dietas por asistencia a plenos y comisiones.

Sobre la reducción de escaños no voy a entrar ahora, aunque no deja de ser curioso que la misma Cospedal, con solo los votos del PP, aprobara en mayo pasado la ampliación de diputados regionales de 49 a 53. Ahora los quiere reducir y mañana dios dirá. Es lo que tienen las mayorías absolutas en una pseudocracia: hacen lo que les da la gana y cuando les da la gana. A casi nadie le importan los polumbis.

La cuestión más preocupante no es el número de diputados, es quitarles el sueldo. Dice la señora que es una medida “necesaria” y “ejemplar”,  y que “gusta a todos los ciudadanos y la entienden muy bien”. No le voy a quitar la razón, la población aplaude a la selección de fútbol, al toro de la vega de Tordesillas y, con la educación adecuada, la guillotina en la Puerta del Sol. En España siempre hay gente para aplaudir. Cospedal aprovecha el desprestigio de ciertos políticos (algunos compañeros suyos) para cargarse un poco más la democracia.

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