Sandblasting = tejanos + silicosis

Mira en tu armario, o simplemente dirige tu vista hacia tus piernas. Es posible que lleves tejanos. Es posible que te hayan costado una pasta, incluso que hayas tenido que ahorrar para comprártelos. Míralos, recién estrenados y medio rotos, descoloridos estratégicamente siguiendo las instrucciones del diseñador de turno. Unos jeans de lo más trendy, que dirían los entendidos de la tribu.

Hubo un tiempo en que los tejanos los tenías que desgastar tú. Tengo ya una edad y lo recuerdo perfectamente. Tenías que trabajártelo a base de lavadoras de tu madre, de arrastrase por esos campos soñando que serías futbolista o dándote de pedradas con los del barrio de al lado. Pero ya no hay ni piedras ni tiempo para nada y tampoco conviene que los tejanos te duren años, hay que engrasar la máquina del consumo, así que ya vienen desgastados de fábrica.

Hay varias técnicas para hacerlo pero la más popular es el sandblasting; y lo es porque, lo adivinaste, es la más barata. El sandblasting consiste en proyectar con fuerza un chorro de arena contra una superficie, en este caso el denim, con aire comprimido o vapor. Se utilizan mangueras para lanzar arena con alto contenido en sílice. Si no se lleva la protección adecuada, ese sílice cristalino puede ocasionar una enfermedad respiratoria grave, incluso mortal. Se calcula que unos meses chorreando ropa con arena pueden equivaler a diez años de trabajo en una mina. Silicosis crónica en bien de la moda, auténticos fashion victims.

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Eufemia

“No tengo nada más que ofrecer que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor. Tenemos ante nosotros una prueba de la más penosa naturaleza. Tenemos ante nosotros muchos, muchos meses de lucha y sufrimiento”.

Discurso de Winston Churchill a la Cámara de los Comunes
13 de mayo de 1940 

 

Había una vez un reino muy muy cercano aquejado de una extraña enfermedad cuyo nombre no se podía pronunciar. Aquella enfermedad atacaba a las palabras, con lo que se entiende que los virus neutralizaran en primer lugar su propio nombre. Las palabras tienen el germen en su adn, así que el mal innombrable no era nuevo y tenía mucho que ver con su peso.  Porque en contra de lo que mucha gente cree, las palabras no son etéreas, pesan su significado en oro y hay que tener mucho oro para comprar significados. La prueba es que las palabras de los de abajo nunca llegan arriba, lastradas por la pobreza, que es como el plomo. Por contra, las palabras de los de arriba se precipitan siempre sobre los de abajo. Unas veces caen como losa y otras bajan gráciles como filo de diamante.  Eso es algo que los sabios doctores de la la corona saben y callan, por no crear alarma social entre sus súbditos.

La enfermedad se manifiesta en que las palabras cambian de forma de tal manera que algunas no se reconocen en el espejo por las mañanas. Eso provoca que la lengua se ensucie con ruido de interferencias, como una pantalla con “nieve” buscando su sintonía. En casos extremos se desarrollan tumores necróticos en la lógica proposicional que hacen irrecuperables regiones enteras del pensamiento.

No es una enfermedad exclusiva de este reino, de otros lugares remotos también llegaron microbios que disfrazaron las viejas palabras guerra e inocente con un estilo más “casual: intervención humanitaria  o daños colaterales; el maldito bicho no se anda con sutilezas y ataca también perífrasis y circunloquios con la misma saña.  Hubo un tiempo, hace ya muchos años, en el que el mal casi mata a todas las palabras al convertir Horror en solución final. Pasado ese trance de muerte parecía que las palabras estaban inmunizadas, pero el virus es muy resistente. Se sabe que determinadas perturbaciones atmosféricas o desastres naturales, como la pobreza o la injusticia, convierten a la viejas palabras en afiladas espinas que pueden herirte, como un huso a una princesa, si no las sabes manejar con cuidado. Ante eso, algunos consejeros de palacio inocularon un potente bacilo, el miedo, que tiene la virtud de limar asperezas: siempre han sido partidarios de palabras romas con las que puedan jugar los niños.

Por estos pagos, hace años, esos consejeros crearon consenso y transición para sustituir statu quo e impunidad, palabra ésta última de muy mala fama. Pero últimamente y en poco tiempo el reino ha sufrido una grave recaída y anda postrado en el lecho por un rebrote del mal innombrable. Porque lo que tal vez esos aprendices de brujo no calcularon, o sí, es que el miedo produce un efecto secundario muy potente que hace que el virus se vuelva más agresivo, hiriendo de muerte a las palabras más resistentes y borrando el rastro de las más débiles. Y bajo un cielo abandonado por los antiguos dioses y ocupado ahora por los mercados, a las palabras les ha invadido un actividad frenética y mudan sin cesar.

En este reino, austeridad  y liberalización acaban de abrir un negocio de reformas a domicilio que lo mismo te alicata una autopista que te derriba una escuela. Diferente tiene que llevar un parche amarillo en la ropa, siempre visible, que dice extremista.  De un tiempo a esta parte no despedimos a nuestros familiares en la estación, los reajustamos o flexibilizamos con lágrimas en los ojos. La subida de impuestos es ponderación fiscal y las viejas tradiciones laborales de nuestros bisabuelos la modernidad. A libertad la hemos puesto a trabajar en un burdel de los de público exclusivo. Privado, por supuesto. Le hemos competitivizado la paga dos veces, pero ella no se queja porque tiene para ir tirando y si se queja hay cuarenta palabras más en la puerta. Mientras, la lógica ha sido detenida y está en prisión preventiva, a la espera de una decisión judicial que será responsable ya que justa está afectada por un ERE iniciado tras demostrar unos tecnócratas extranjeros que su sueldo era un gasto inasumible para la corona.

Otras palabras viejas, viéndolo venir, sencillamente han huido con lo puesto hacia tierras lejanas. Responsabilidad, por ejemplo, harta de pudrirse en el paro ha cogido su petate y ha emigrado donde pueda sentirse útil.

Por cierto, vergüenza se encuentra en paradero desconocido;  sus familiares agradecerán cualquier dato que ayude a su localización.

Rescate a España el día en que a De Guindos le toca El Gordo

España ya está en posición de rescate, una posición que no describiré por si a esta hora hay niños leyendo. No hemos tenido tanta suerte como en ese país en el que gobierna un tal  De Guindos. Allí, en cambio, han recibido un “préstamo en condiciones muy favorables”. Para más razón pueden leer también ABC o La Gaceta, los principales diarios de dicho país. Ese lugar se encuentra en una galaxia muy muy lejana y en él unos bancos, sólidos como kriptonita, han conseguido que otros países socios, que minutos antes les tenían una mezcla de manía y envidia porque jugaban mejor que ellos con pelotas variadas, le dieran un montón de dinero. Así, sin más, porque ellos lo valen. O tal vez ha sido un milagro de una Virgen que tienen en ese país siempre dispuesta a echar una mano a quien lo pide con fervor.

No les voy a mentir, yo soy uno de esos envidiosos, me gustaría vivir en ese país. Pero me ha tocado vivir en España, al menos de momento. Un país en el que hemos vivido buenos momentos, también merece recordarse. He de confesar que una pizquita de orgullo se me escapó cuando un chaval bajito de Albacete metió un gol que no le cabía en el pecho. O un orgullo mucho mayor, que no me cabía en el mío, cuando cientos de miles salieron a la calle hace ya más de un año y se organizaron, bajo el nombre de 15M, para dar un grito de dignidad que ocupó las portadas del mundo y, lo que es más importante, las mentes de mucha gente de bien de todo el planeta. Y ahí siguen.

Pero en mi país, a diferencia del que gobierna el tal De Guindos, las cosas andan mal para la mayoría. Están a punto de llegar unos señores de negro que son los que lo van a gobernar a partir de ahora. El problema no es que vengan de fuera; vistos los de dentro no es como para ponerse puntilloso con la partida de nacimiento. El problema es que vienen con el dinero y el que paga elige el menú. En el país de De Guindos no sé, en el mío continúa en vigor una vieja ley –que siguen  desde los bancos a Tony Soprano, que cada día tiene más cara de banquero– por la cual si te dejan dinero hay que devolverlo con intereses. Y la fama de los señores de negro les precede: una estirpe que se remonta a Atila, fundador de la hermandad.

Así que mientras en el país de De Guindos todos andan celebrando que les ha caído una herencia de una tía segunda alemana, en el mío es un día más bien negro. Tanto que nuestro supuesto presidente guarda luto en su casa y tiene pensado coger un avión mañana para salir corriendo de él. No sabemos si se traerá a los hombres de negro para hacer el traspaso de los bártulos y enseñarles dónde guarda el tippex (seguro que usa) o directamente se quedará en Polonia a buscar un futuro para su familia. Un dirigente que tiene una niña en la cabeza y no entiende lo que escribe es imprevisible.

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No hay blog para tanto chorizo (y hay gente que no lo merece)

Esta entrada vuelve a ser una de esas de desahogo. Lo siento, no todas van a ser historias interesantes. El sueño de la razón produce monstruos, tituló Goya uno de sus Caprichos. Una mirada lúcida y genial a un páramo de incultura, egoísmo, fanatismo y barbarie. Una España que lleva siglos pareciéndose demasiado a sí misma mientras bailamos alrededor de la hoguera. De vez en cuando el hedor es tan fuerte que llega hasta las plazas de toros, los campos de fútbol o Telecinco. Quizás estamos en uno de esos días.

El sueño de una sanidad y educación de calidad está desaguando por alcantarillas que llegan hasta ‘bancos malos’, paga y no preguntes. El sueño de justicia mira fijamente a Krahe y se pone la venda con expresidentes autonómicos o atilas financieros. Cuando Dívar, alias El Findes, se va de hoteles de lujo (perdón, de 4 estrellas) invitado por el contribuyente y en su defensa alega que él pagaba algunas de las cenas, vuelve a recobrar sentido una vez más aquello de que “la justicia vale menos que el orín de los perros”.  El sueño de una administración eficaz reparte pelotazos millonarios con la excusa de hacer carreteras innecesarias o aeropuertos absurdos. El sueño de unos medios corporativos altavoces de sus amos que, como no pueden explicar lo inexplicable, tiran balones fuera con La Roja y los vídeos de youtube. Eso los serios, otros ya son caricaturas que compiten en el quiosco directamente con El Jueves, con perdón para El Jueves. Hay que rebuscar en la basura para encontrar algún The Wire (la realidad ha dejado muy light a Crematorio) que nos haga la fotografía de lo que está pasando de verdad fuera de la sala de estar.

Y lo más triste es que lo antes mencionado es solo una pequeña muestra. No hay blog para tanto chorizo.

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