The Summit y BCN, parte 2: The big picture

De Génova 2001 a la resistencia pasiva. Le llaman democracia y no lo es.

Todo pasa y todo queda. Vuelve el vintage, la moda de los 70.

Tras la peli (ver primera parte), el cineforum prometido.

Valorar si la reforma laboral, los recortes y los piquetes empresariales son más violentos que lo de los contenedores de basura nos llevaría a otro extenso artículo, no es lo que pretendo ahora. Lo que intento es ver el marco general en el que ocurren estas cosas, lo que los anglosajones llaman “The big picture”.

La imagen general, echando el zoom hacia atrás a tope de power, es que el capitalismo está tan maduro que se pudre y el olor está llegando a la gente. Por un lado, los recursos se agotan. El crecimiento sostenido e infinito en un planeta finito es algo inconcebible para un niño de 10 años que no sea economista neoliberal.

Por otro, el capitalismo financiero (alias, los mercados) se ha comido al industrial  y lleva décadas absorbiendo dinero y recursos de la gente que produce algo, tanto de personas como de empresas. No es nuevo, las rentas hace años que van de abajo hacia arriba y la desigualdad crece. La crisis sólo ha acelerado el proceso y las medidas de los gobiernos parecen echar gasolina al fuego. Incluso desde el FMI y el New York Times, conocidos izquierdistas, declaran abiertamente que tantos recortes que ahogan cualquier crecimiento en favor de la idea fanática (¿a quién beneficia?) de reducir el déficit solo es una “sobredosis de dolor” que no ayuda sino que mata más y con más sufrimiento. Las clases medias se empobrecen y cada día hay más gente expulsada fuera de un sistema que no solo es incapaz de hacer feliz a la mayoría de la gente sino que la hace día a día más desgraciada. Algo parecido a lo que ocurrió más allá del Muro de Berlín, no se si recuerdan. Vale que el suicida griego es un caso extremo (más favorable, por cierto, al orden público que pretende Felip Puig) pero cuando veas las barbas de tu vecino cortar… pues eso, ojo con el barbero.

Puede que llegue un momento que la Champions League y el Sálvame no basten para distraer al personal. La elecciones son una coartada que cada día pierde legitimidad, en parte gracias a los propios políticos que dicen una cosa y la contraria 5 minutos después de las votaciones.  Los gobernantes legislan, descarada y públicamente, para satisfacer a los mercados y a instituciones no democráticas como el Banco Central Europeo y nos dicen que es por nuestro bien, para no hacer enfadar a esos señores que mandan. Va calando la idea de que los parlamentos son caros, por inútiles. Eso también me suena, a años 30. El Parlamento Europeo ni está ni se le espera. Los Lehman Boys, representantes de la nueva plutocracia gobernante, se sientan ya en los ministerios siguiendo el ejemplo marcado por sus homólogos estadounidenses.

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The Summit y kale borroka barcelonesa

Aviso, este artículo puede parecer un poco desorganizado. Pero la realidad es así, fragmentaria, caótica y cambiante. Bueno, eso y que no doy para más. Habla de una peli (The Summit, 2011) sobre otra peli (Cumbre del G8, 2001); una especie de “Cómo se hizo”. La peli original fue dirigida por Silvio Berlusconi y producida por el G8. Una superproducción con miles de extras, traiciones, torturas y violencia. Al final la chica de la peli, Democracia, muere. Pero para explicarla bien tengo que dar saltos en el tiempo que, además, está muy de moda.

Present Day. Abril de 2012. El ministro del Interior del Reino de España anuncia que su ministerio, conjuntamente con otro llamado de Justicia, trabaja a destajo para endurecer el código penal contra el vandalismo callejero, equiparándolo a la kale borroka, o sea, al terrorismo. Contagiado con la velocidad decreto ley de otros ministerios peperos, se pretende que esté listo antes del verano. El Molt Honorable president de la Generalitat, Artur Mas, y otros ilustres están en la línea.

Ahora, un Flashback. Julio de 2001, Génova. Reunión del G8. Los líderes del mundo libre están encerrados en una especie de castillo del medievo fuertemente protegidos por un ejército policial mientras en las calles de la ciudad la vida real no parece encantada por tan ilustres visitantes. A Génova llega un movimiento altermundista que crece de manera muy inquietante para algunos. Hay que cortar tanta protesta y tanta leche, vamos a ver cómo lo hacemos.

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Porno para mamás en metro

Siguiendo con mi especial Semana Santa primero pensé en escribir una crónica del espectáculo del Bagdad, pero es un poco caro y yo no gano nada con esto del blog, así que deseché la idea rápidamente. A cambio me he encontrado otra noticia interesante y con cierto toque cultural, que siempre queda más elegante. El próximo junio aparecerá la versión en español de una trilogía de libros que está causando furor en Gran Bretaña y Estados Unidos: Fifty Shades.

La autora es una escritora británica llamada Erika Leonard James y los títulos son Fifty Shades of Grey, Fifty Shades Darker y Fifty Shades Freed, y los publicará en España la editorial Grijalbo Mondadori (castellano) y Rosa dels Vents (catalán). Los títulos en castellano no los tengo muy claros, unos traducen shades como ‘sombras’ y otros como ‘tonos’, así que ya se lo encontrarán en junio.

Los que venden los libros creen que va a ser un fenómeno del tipo Millennium, de hecho la Universal ha comprado los derechos para el cine y, a estas alturas, ya podemos decir que la señora James aspira a ser la nueva Rowling. Bueno, quizás exagero un poco, pero para retirarse parece que ya tiene.

Una breve sinopsis de la primera novela nos lleva a un joven guapo y multimillonario que seduce a una joven becaria que se siente atraída irresistiblemente por su aire de chico malo con un fondo vulnerable. Nuevo que te rilas, puro Danielle Steel. Y de eso se trata, de novelas para (un determinado tipo de) mujeres que, como es sabido, superan en muchos puntos a los hombres como lectoras. En uno de los foros que he consultado, una lectora lo describe así:

En fin, que la narración contempla dos verdades, dos defectos a los que somos sensibles la inmensa mayoría de las mujeres occidentales: una, la fascinación por los chicos malos, aquellos con un lado oscuro pero con un puntito, aunque sea chiquitito, de vulnerabilidad; y dos, la estúpida convicción de que podemos hacer cambiar a un hombre.

Pero el revuelo no viene por la historia, que no es novedad, viene por la relación erótica con tintes sadomasoquistas que mantiene la pareja protagonista y que se muestra en la novela de forma explícita; pero con gusto y delicadeza, por supuesto. Encuentro una muestra en una de las noticias que consulto:

«Estoy desnuda, esposada y abierta de piernas en una cama con dosel. Inclinándose sobre mí, él desliza la punta de la fusta de mi frente a mi nariz para que pueda oler el cuero, y sobre mis labios separados y jadeantes»

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