Cómprate unas zapatillas veganas, multiculturales y sostenibles

Hoy, por cuestiones laborales (no me gano la vida con esto ¿lo pueden creer?) he recibido una nota de prensa que vendía unas zapatillas deportivas o sneakers, con perdón. “Se trata de una zapatilla ecológica y vegana (eco-vegana), puesto que renuncia a cualquier uso de materiales de origen animal”, decía la nota. También decía que valen 75€.

Esto roza el vomitiv marketing, tendencia cuya etiqueta me atribuyo (con un par), tal como podéis leer en mi entrada sobre el ‘caso Galiano’. Ahora estoy a la espera de lo próximo que me quieran vender y que sea vegano, se admiten apuestas.

Que conste que en la sección ‘corralina’ están los tipos que se valen del veganismo para venderme unas zapatillas, no quienes practican esa filosofía. Toda persona mayor de edad (el tema de los niños pequeños es más espinoso) es libre de comer lo que le apetezca y me parece una opción tan respetable como disfrutar un buen asado.

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Tuareg

Desde hacía tres meses, al ejecutivo medio de mediana edad, desnudo frente al espejo del baño, no le gustaba lo que veía. Luego se miraba el perfil y le gustaba aún menos. Había aprendido a convivir con su rostro y tolerar su incipiente calvicie, pero esa barriga lo mortificaba.

La barriga ya llevaba varios años con él, sobre todo desde que accedió a la tarjeta de empresa y a que su superior firmara las notas de gastos mientras consultaba su smartphone.  Así que nunca le había importado demasiado, sus dos hijas hacían bromas cariñosas de vez en cuando aterrizando sobre ella y el sexo ocasional y rutinario con su mujer no había cambiado desde que su estómago se ensanchara notablemente. En ese sentido su frustración sexual mantenía la línea.

Pero desde hacía tres meses el ejecutivo medio de mediana edad no paraba de mirarse la barriga, consultar por Internet regímenes de adelgazamiento milagroso y preguntarle a su mujer sobre dietas.

Esto último había mosqueado un poco a su mujer durante un tiempo, sobre todo tras ver en unas fotos de la fiesta de la empresa que la secretaria de su marido tenía 15 años menos y 40 centímetros más de pierna sin celulitis, tal como demostraba aquella minifalda.  Aunque la verdad es que tampoco le importaba demasiado, tal vez una aventura sexual con aquella chica -el no llegaría nunca a más- le haría menos insistente en su cama, lo que le suponía un alivio. Además, el nerviosismo y la desazón con la que últimamente su marido se iba a la oficina desmentía cualquier posible flirteo con su secretaria. Eso a su mujer empezaba a preocuparle un poco: él llamaba más asiduamente a la oficina con el pretexto de alguna dolencia y se quedaba en el pequeño gimnasio en el que había convertido su despacho ejercitándose en la bicicleta estática hasta desfallecer. Todo apuntaba a una crisis de madurez de libro.

Desde hacía tres meses, los días que acudía al trabajo el ejecutivo medio de mediana edad salía de casa sin desayunar y con tal nudo en el estómago que parecía que no le llegaba la camisa a la barriga. Salía muy temprano, cuando aún era de noche, como si así compensara los días que faltaba. Llegaba el primero a la oficina y de muy mal humor, que se iba templando con el paso de las horas y un par de broncas. Al final de la tarde, el ejecutivo medio de mediana edad volvía a tensarse. Entonces empezaba a deambular perdiendo el tiempo, mientras cada uno huía de él como podía. Todos en la oficina estaban de acuerdo que la dieta y el último ascenso lo estaban matando lentamente y que debían tener cuidado para que no les arrastrara. Era un tema que evitaban conscientemente porque cualquier alusión a su dieta o al Volkswagen Touareg de empresa  que le habían concedido a petición propia, desataba en él una furia contenida pero evidente.

Desde hacía tres meses, era el último en salir del trabajo y, otra vez de noche, camino a casa, volvía la desazón. Entraba en el pequeño parking compartido de su edificio de apartamentos de lujo y tras colocar con sumo cuidado el coche en su plaza (el sistema de ayuda al aparcado era un bendición para él) se quedaba en el Touareg unos minutos, con el motor y las luces apagadas. Notaba como la cara le ardía, deseaba quedarse allí toda la noche y a la vez salir lo antes posible. Miraba nerviosamente hacia izquierda y derecha, por el retrovisor, una y otra vez. Ahora.

El ejecutivo medio de mediana edad, con su maletín y su barriga a cuestas, se encaramaba hacia los asientos traseros, luego los atravesaba contorsionándose y finalmente salía del coche por la puerta del maletero. Se arreglaba la ropa, comprobaba que estaba solo y se quedaba un momento mirando el coche, perfectamente encajado a escasos centímetros de sus vecinos de plaza, sudando del esfuerzo y la vergüenza.

Desde que hace tres meses le entregaron el coche de empresa, el ejecutivo medio de mediana edad subía en el ascensor del parking hacia su casa musitando, cada noche, “joder, estoy demasiado gordo para un Touareg”.

Licencia Creative Commons
Tuareg por Miguel García Vega se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported.


Esta es mi pequeña contribución a la mejor fiesta del calendario.

Feliz Sant Jordi a todos.

La tecnología no es neutral. Parte V

La tele se mete en política

Sigamos con Postman y cómo afecta la llegada de la televisión al discurso político. Pero antes de seguir tengo que recordar una cosa: Postman vivió en el mundo pre-Internet, un mundo en el que la televisión era diferente porque no había sufrido todavía la influencia de la Red.

De todas maneras, en este capítulo no se va a notar, hay cosas que no han cambiado, sobre todo la principal, que ya comentaba en el capítulo anterior: la televisión tiene un gran punto débil, es muy fácil de apagar, o de cambiar de canal, que viene a ser lo mismo. Por eso debe entretener en todo momento, todo debe ser un show.  Si a eso se une la voluntad de querer abarcar todos los campos del discurso público, se obtiene espectáculo las 24 horas del día, no importa el tema que sea.

En Estados Unidos, la vanguardia mundial en cuanto a televisión se refiere, ya hace años que se televisan juicios “de interés social”, u otros acontecimientos, en directo. En España se siguió al minuto la huelga encubierta de controladores (uff, eso merece una entrada, ya veremos) porque parecía que había obligación de hacerlo. Y porque era espectacular, claro. La gente perdiendo los nervios da muy bien en cámara. Los aeropuertos colapsados de gente con sus maletas o gritando eran irresistibles. Entre esas imágenes y la repetición machachona de la frase ‘el país paralizado’ se consiguió que la gran mayoría de los españoles, que no cogieron un avión ese día y que, como yo, tuvieron un día absolutamente normal (fueron de compras, cogieron el coche, fueron al cine, otros al hospital, etc) repitieran la consigna como un mantra: el país se había paralizado. Lo único que cambió el día de toda esa gente es que no había otro tema en la tele, así se consiguió  el famoso estado de excepción. Gracias a la tele. Así paralizas un país, controlando la tele. Claro que para ello se necesitan unos cuantos medios en la misma dirección, sin fisuras.

Eso es lo que hace bien la tele, crear sensaciones generales aún en contra de tu experiencia personal.

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14 de abril ¡Viva la República!

Hoy es otra vez 14 de abril, ya queda uno menos para la vuelta de la República.

Me gustaría hacer un brindis por aquella II República que, en parte gracias a sus propios errores, acabó en tragedia, pero intentó modernizar España y convertirla en una democracia avanzada en la que hubiera sitio para la justicia social.

Y, nostalgias aparte, la República es la única forma racional de gobierno democrático. El poder hereditario que no pasa por las urnas no puede llamarse, a estas alturas del partido, democrático.

Dando una vuelta por Internet hace unos meses encontré, por casualidad, lo que veis abajo, y lo guardé para mejor ocasión. Creo que esta es buena.

En una octavilla de mano editada en la imprenta Gutemberg de Guadalajara el 31 de Mayo de 1931 podíamos leer lo que daban a llamar Mandamientos Republicanos:

 

  • El Primero, amar a la justicia sobre todas las cosas.
  • El Segundo, rendir culto a la dignidad.
  • El Tercero, vivir con honestidad.
  • El Cuarto, intervenir rectamente en la vida política.
  • El Quinto, cultivar la inteligencia.
  • El Sexto, propagar la instrucción.
  • El Séptimo, trabajar.
  • El Octavo, ahorrar.
  • El Noveno, proteger al débil.
  • El Décimo, no procurar el beneficio propio a costa del perjuicio ajeno.

 

Parecen ingenuos, pero no es un mal reglamento de vida, no señor.

Nada más, que paséis un buen día.

¡Salud y República!

Me gusta la República

Berlusconi sigue con la guasa

Esta semana vi en un telediario el penúltimo chiste de Berlusconi. Antes de meterse en el coche deleitó a los periodistas con una de sus bromas. Algo como que se había hecho una encuesta entre mujeres italianas de 20 a 30 años, preguntándoles si se acostarían con él. El 33% contestó que sí lo harían y el resto respondió ¿otra vez? Y claro, todos jajá, jajá y jajá.

Da lo mismo que sea una broma muy vieja, el típico chiste que cuenta tu suegro en una boda. Alguien debería decirle que es su humor el que va necesitando un poco de botox.

Ésta es su peculiar manera de responder al escándalo de sus fiestas, rodeado de sus ‘velinas’, que han llegado, con fundamento, a los juzgados en forma de cargos por prostitución de menores y abuso de poder, asuntos que ya no hacen tanta gracia.

Berlusconi, chistes, corrupción, velinas
Aquí con uno de Chiquito, los borda.

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Jardín prohibido
(Sandro Giacobbe – 1975)

sandro giacobeLas letras de las canciones son como poemas friendly user, para aquellos que no tenemos la suficiente capacidad de atención/comprensión para la poesía. En esta sección iré recogiendo mis letras favoritas en español. Trata solo de letras, la música la dejo a quienes tengan oído.

Me gustaría empezar esta sección por la puerta grande.  A mí me parece la mejor canción que se haya escrito nunca. Aunque fuera una canción dirigida a un público con picores adolescentes, atentamente escuchada es digna de un Javier Krahe en estado de gracia, por eso la he elegido para iniciar esta sección.

Sandro Giacobbe es un cantautor genovés  que graba su primer disco en 1972. Desconozco su discografía y su biografía, miren en Internet, que está todo. En 1975 logra un gran éxito con Il Giardino Proibito, que traspasa las fronteras italianas. Graba la versión en español y es un auténtico bombazo, que llega al número 1 de las listas españolas.

Para quien le apetezca escucharla, solo quiero destacar la excelente calidad del playback, que logra imitar perfectamente el efecto de retardo del satélite. Teniendo en cuenta que corrían los años 70, tal alarde técnico creo que es digno de admiración.

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(Sandro Giacobbe – 1975)