Una foto y una historia

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Aquella mañana del 1 de mayo de 1947 Evelyn McHale era una más de las visitantes que disfrutaban de las vistas de Nueva York desde el mirador del piso 86 del Empire State Building. Una chica guapa de 23 años, impecablemente vestida, que no destacaba especialmente entre el resto de turistas.

Horas antes se había despedido de su prometido con una sonrisa en la estación de Easton. Había cogido el tren de las 7 de la mañana y recorrió los 100 kilómetros hasta Nueva York para llegar a su casa. Pero cuando llegó a las 9 a la estación de Pensilvania no fue directa su casa. Cruzó la calle y entró en el Governor Clinton Hotel, donde escribió una nota.

Salió del hotel, caminó dos manzanas y llegó al Empire State Building.  Compró una entrada para el mirador poco antes de las 10.30.  Sobre las 10.40 se quitó el abrigo, lo dobló cuidadosamente y lo dejó en el suelo  junto a un kit de maquillaje y un libro de bolsillo.

Luego saltó al vacío.

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La suerte del soldado Powers

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Era marzo de 1958, un día cualquiera en el pequeño pueblo de Mont d’Origny, en el norte de Francia, cerca de la frontera con Bélgica. Hay un accidente automovilístico frente a la casa de Yvette Beleuse. Allí vive la joven madre junto a sus cinco hijos, nadie más.

Pero al llegar la policía al lugar ven la figura de un hombre mirando a través de las cortinas, alguien que no debería estar ahí. De hecho es alguien que debió estar junto a su unidad 14 años antes, alguien que se esfumó y que ahora reaparece desde las sombras. Es Wayne Powers, un desertor del ejercito estadounidense durante la batalla de las Ardenas, en 1944.

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La suerte del soldado Slovik

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Durante la Segunda Guerra Mundial, cerca de 50.000 soldados estadounidenses desertaron de sus tareas. De estos, a más de 21.000 se les condenó a diversas penas, la mayoría de ellas de arresto o encarcelamiento. Una junta de clemencia revisaba los casos graves, reduciendo las sentencias en el 85 por ciento de ellos.

Se decretaron 49 sentencias de muerte.

De esas 49 condenas a muerte, se conmutaron 48. Solo un soldado estadounidense fue ejecutado por deserción: Edward Slovik, 24 años, en sus propias palabras “el tipo menos afortunado del mundo”.

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Feliz Navidad

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Feliz Navidad a todo el mundo. Un poco forzado por cuestiones personales, este blog empieza ya sus vacaciones hasta el año próximo. En la página de Facebook seguiré recuperando entradas pasadas que me parezcan interesantes. Y en 2017 volveré con historias nuevas. Tengo ya alguna en mente que creo que os gustará.

Gracias

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Arabel, una pareja de espías

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araceli_joan_portadaEs muy posible que hayan oído hablar de Garbo. No me refiero a Greta, sino a Joan Pujol García, uno de los espías más importantes del siglo XX. Se supone que los británicos los bautizaron así por la capacidad de seducción del espía catalán, que engañó repetidamente a los nazis, en especial durante el episodio clave del desembarco de Normandía.

Los engañó con tanto éxito que los alemanes le condecoraron y, acabada la guerra, seguían pensando que era uno de sus mejores agentes.

Aunque lo alemanes no lo llamaban Garbo, el nombre en clave de Pujol en la Abwehr, era Arabel. Y ahí es donde viene la parte menos conocida de Garbo y la historia de este post. El nombre de Arabel viene de Araceli la Bella. Porque Joan Pujol tenía una mujer que también era espía: Araceli González Carballo.

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No hubo justicia para Riphagen

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riphagen_portadaEn mayo de 1940 Alemania ocupa militarmente Holanda. Un país pequeño, que no había sufrido ningún conflicto militar en más 100 años y con un ejercito reducido y obsoleto no fue rival para el poderoso y moderno ejército de Hitler. En pocos días los alemanes se hacen con el control del país, de forma casi incruenta si la comparamos con otros lugares de Europa. Los alemanes consideraban a los holandeses como arios, así que no sufrieron el racismo con el que los ocupantes nazis se conducían en otros pueblos de Europa.

Obviamente todo esto no aplicaba a los judíos holandeses, que fueron duramente perseguidos. Los que no pudieron huir tuvieron que esconderse –como la famosa Ana Frank– para evitar ser deportados a los campos de exterminio.

Aunque un pequeño y débil movimiento de resistencia intentó ayudarles, también apareció otro grupo que olió negocio en el expolio y deportación de los judíos. Ya se sabe que donde unos ven desgracia hay emprendedores que ven una oportunidad.

Andreas Riphagen era uno de ellos.

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Parece mentira ¿verdad?