Franz Honiok, la primera víctima

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En 1939 Franciszek –Franz– Honiok tenía 43 años y vivía en Silesia, una región fronteriza entre Alemania y Polonia. Malos tiempos para vivir allí.

Franz no era militar ni político sino un campesino de ascendencia polaca que vivía en la Silesia alemana y que había participado en algunos actos en favor de Polonia, lo que le había llevado a probar cómo se las gastaba la Gestapo.

No era necesario hacer gran cosa para acabar en el radar de la Gestapo, Honiok no era sino uno más de los miles de presos encarcelados por los nazis por su origen o ideología.

Pero Franz iba a ser recordado años después. Sin comerlo ni beberlo, por un atropello del destino, Franciszek Honiok se iba a convertir en la primera víctima de la Segunda Guerra Mundial.

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Rob Riphagen, en el nombre del hijo

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Rob Riphagen vivía con su madre, en Amsterdam. Su padre se tuvo que ir del país cuando él era un bebé. Se fue a trabajar a Argentina y a finales de los años 40 Argentina estaba bastante más lejos de Holanda que ahora.

A sus cinco años, las referencias de Robert sobre su padre eran las fotografías que decoraban su casa –una grande en el salón, otra en la mesita de noche– y lo que su madre le contaba sobre él. Cosas buenas: que se había marchado a trabajar lejos para que a ellos no les faltara de nada; eran tiempos difíciles para la mayoría, recién acabada una guerra atroz.

Así que en la mente infantil de Rob su padre era un héroe. Un hombre grande y fuerte, sin miedo a nada ni a nadie y que pronto volvería a casa para cuidarles y protegerles.

Por eso no podía entender por qué en el colegio sus compañeros se burlaban, insultaban a él y a su padre, le pegaban, abrían su cartera y tiraban sus libros y cuadernos al barro. Todo por culpa de su padre.

El pequeño Rob no entendía qué tenía de malo ser hijo de Andreas “Dries” Riphagen.

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Operación Dulcinea, Santa Liberdade

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El 20 de enero de 1961 John F. Kennedy toma posesión de su cargo, convirtiéndose en el 35 presidente de los Estados Unidos. Su famoso -y muy manoseado– discurso aumenta su popularidad. No solo en EE.UU; en todo el mundo millones de personas ven en JFK una esperanza.

Aquel dulce día, el nuevo presidente no tiene ni idea de qué es el Santa María –alias Santa Liberdade–, ni el DRIL ni quiénes son el capitán Galvao o el profesor Xosé Velo. Tal vez tampoco quien era Dulcinea.

Pero un trabajo como el que acaba de estrenar no da tregua. Solo tres días después, Kennedy se enfrenta a su primera crisis. Una piedra de toque para probar su capacidad de liderazgo internacional. Y va a tener un montón de asesores explicándoles quienes son esos portugueses y españoles que acaban de liarla parda.

¿Quieren saber cómo?

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Fowler y Belmont, sobre el valor

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El 26 de agosto de 1914, Patrick Fowler era un soldado más metido en la batalla de Le Cateau. Irlandés nacido en Dublín, formaba parte del 11º Regimiento de Húsares que se enfrentó a los alemanes en una de las primera carnicerías de la Primera Guerra Mundial, aquella atrocidad.

Fowler pasó a la historia, aunque no se reseña un desempeño especialmente relevante aquella batalla. Pasó a la historia solo por haber sobrevivido. Concretamente por cómo había sobrevivido.

Se pasó casi toda la guerra escondido en un armario. Más de cuatro años.

Una hazaña que no hubiera sido posible sin la segunda heroína de esta historia, Madame Belmont-Gobert.

Vayamos por partes.

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Van Leiden, rey de Münster

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No se sabe mucho de Jan van Leiden y lo poco que se sabe no es muy fiable. Parece que nació en 1509 como Jan Beukelsz y que más tarde cogió el nombre de la ciudad de Leiden donde, al parecer, se educó.

Lo que si parece claro es que fue un tipo ambicioso. Había nacido pobre y bastardo, hijo ilegítimo de un alcalde, en una pequeña aldea holandesa. Para escapar de la pobreza se hizo aprendiz de sastre. Pero no era suficiente, quería prosperar: probó como mercader y más tarde abrió una posada donde él mismo hacía de actor y cantante. Pero Jan quería más y se hizo predicador, que en aquellos tiempos, aún más que ahora, venía a ser político.

Y por fin lo consiguió, en 1534 se convirtió en rey. El Rey de Münster.

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De traders y tahures

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Sigo la miniserie sobre algunas de mis lecturas de este verano. Tranquis, éste es el segundo y último capítulo. Y en realidad  viene del capítulo anterior. Entra vídeo.

Previously, en el blog insostenible: En “Entre tiburones”, Joris Luyendijk nos hace una disección de los trabajadores de La City de Londres //  psicóticos al margen de la realidad con exceso de testosterona // gente normal que solo desea permanecer en su rebaño de altos ingresos a costa del estrés// incentivos perversos que invitan a personas de débiles convicciones morales a poner en riesgo la economía real// nadie en la cabina de mando.

[Fundido en negro e inicio del segundo capítulo]

Cuando ya había decidido hacer un post contando la historia de Nick Leeson me fui al siguiente libro. Algo más ligero, pensé. Voy a por la “Breve historia del Salvaje Oeste”, de Gregorio Doval. Algo que me lleve del mundo cerrado de La City hacia desiertos e inabarcables praderas.

Y  me encontré con George Devol, tahúr del Mississippi. Mientras leía, Leeson y Devol no paraban de mezclarse.

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Parece mentira ¿verdad?