Hasta septiembre

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El blog también se toma unas vacaciones, que falta nos hace a los dos. Volverá en septiembre con nuevas historias, espero encontraros por ahí con ganas de leer. Mientras, pueden repasar algunas de las ya escritas.

Que se les de bien agosto y gracias por leer estas cosas mías.

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La puerta del cielo, un milagro

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Vittorio De Sica fue uno de los grandes directores italianos de la historia, clave en el neorrealismo italiano con películas como Ladrón de bicicletas (1948), Milagro en Milán (1951) o Umberto D (1952). También fue actor en muchas otras, personalmente no me puedo olvidar de su protagonista en la maravillosa El general de la Rovere (1959), que les recomiendo encarecidamente.

Pero la película de las que le voy a hablar no se la puedo recomendar porque no la he visto, es muy difícil de encontrar y, parece ser, su calidad es más que cuestionable. Se llama La puerta del cielo y se acabó de filmar en 1945. Más interesante que la propia película sería otra que contara su rodaje.

La puerta del cielo es una de esas malas películas cuya producción contiene una gran historia. Bueno, varias, con diferentes nombres: De Sica, un tal Pratelli, María Mercader, Goebbels, Pío XII y Giovanni Montini, el futuro Pablo VI… y un montón de extras judíos.

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El Münchener Post contra Hitler

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Descubierto en documentos secretos y denunciado en exclusiva en el Münchener Post, en diciembre de 1931: “Para la solución final de la cuestión judía (Endlösung der Judenfrage) se propone utilizar a los judíos en Alemania para el trabajo esclavo o para el cultivo de los pantanos alemanes administrados por una división SS especial”.

Repito la fecha por si se les pasó por alto: diciembre de 1931.

Hitler y el nazismo no nacen en Auschwitz. No brotan repentinamente para perpetrar uno de los mayores horrores de la historia. Hasta llegar allí recorren un largo camino. Y, aunque la “solución final” era un  asunto que se llevaba de forma discreta, las señales estaban ahí. Hubo gente que las vio. Por ejemplo, en Munich un pequeño grupo de valientes periodistas lo publicó mientras pudo: era el Münchener PostSigue leyendo El Münchener Post contra Hitler

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Point-Saint-Esprit, 1951

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Pont-Saint-Esprit es un pequeño pueblo de 4.500 habitantes, situado a orillas del Ródano en la frontera entre la Provenza y el Languedoc. Uno de esos sitios agradables donde nunca pasa nada interesante. Hasta que pasa y deja su nombre  en la historia de la crónica negra mundial.

Como si de un episodio de tarantismo medieval se tratara, un montón de vecinos se vuelven loco. Durante varios días, aquel bonito rincón del sudeste francés parece en pleno ensayo del Apocalipsis. Charles Granjhon, de 11 años, intenta estrangular a su madre; un hombre trata de ahogarse mientras grita que su estómago está siendo devorado por serpientes; otro vecino grita “¡Soy un avión!” y salta por la ventana de un segundo piso.

Dos años después, un científico estadounidense, Frank Olson, salta desde un décimo piso en Manhattan. Una muerte misteriosa que décadas después dará la explicación más aceptada sobre las causas de la locura colectiva en aquel pueblo francés.

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Cuando Japón ganó la II Guerra Mundial

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Bahía de Tokio, 2 de septiembre de 1945. A bordo del acorazado USS Missouri y ante el general MacArthur, Japón se rinde a los Aliados.

Tokio, 1 de enero de 1946. El emperador Hirohito, lee la histórica Ningen Sengen (“Declaración de humanidad”) por la que renuncia a su deidad y se declara un ser humano normal.

Cinco días después, el 6 de enero, el excoronel japonés Jenji Kikawa se presenta en una comisaría brasileña junto con media docena de seguidores pidiendo la legalización de su organización. Una sociedad “para cultivar el espíritu nipón y unir a los japoneses, sin menospreciar el nombre del emperador, como los derrotistas hacen”. Y añade “queremos pedir a la autoridad que prohibía la propaganda que algunos individuos inútilmente hacen dentro de la colonia [japonesa en Brasil], predicando el derrotismo”.

La organización a la que se refiere es el Shindo Renmei, protagonista de uno de los autoengaños más sorprendentes de la historia del siglo XX. Para ellos Japón había ganado la guerra y lo contrario era propaganda americana que no iban a permitir. No eran cuatro locos; en todo caso, miles de locos.

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John Priest, un hombre con suerte

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El 10 de abril de 1912, la mejor y más grande máquina construida por el hombre zarpaba del puerto de Southampton con destino a Nueva York, con 2.228 personas a bordo. Entre las 23:40 horas del 14 de abril y las 2:20 del 15, el transatlántico Titanic se hundía en las frías aguas del Atlántico Norte convirtiéndose  en la catástrofe marítima más famosa de la historia.

Más de 1.500 muertos en una tragedia que sigue presente en nuestro recuerdo tantos años después. En cada aniversario, y ya van 105, se vuelve a investigar las causas y a revolver entre sus secretos; se recuerda a su orquesta, a su capitán o al telegrafista que murió enviando mensajes de auxilio hasta el final.

Pero hoy quiero recordar a un fogonero: John Priest, también llamado “el insumergible”.  Sigue leyendo John Priest, un hombre con suerte

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Parece mentira ¿verdad?