La guerra de Schmiedel

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Cierro la miniserie sobre desertores -basada en el libro de Charles Glass– con Werner E. Schmiedel. Nada que ver con Slovik o Powers. Schmiedel no desertó por miedo, por negarse a matar o por amor.

Schmiedel decidió que lo de disparar y correr iba a ir en beneficio propio, sin bandera ni mandos a los que obedecer. Arriesgaría el todo por el todo, pero no precisamente por la patria.

La historia lo tiene todo para una buena peli. Verán.

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Alice Guy inventó el cine

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Se dice que los hermanos Auguste y Louis Lumière inventaron el cine. Aunque no es del todo exacto. Es cierto que en febrero de 1895 patentan el cinematógrafo y que el 22 de de marzo proyectan la primera película de la historia: La sortie des ouvriers des usines Lumière à Lyon Monplaisir. Pero los Lumière tienen una visión científica de su invento, no les interesa o no son capaces de ver su dimensión artística.

Por eso se considera a George Méliès como el verdadero inventor, el primero que ve las posibilidades del cinematógrafo para contar historias, para explorar los recursos narrativos, para hacer arte.

Pero eso tampoco es cierto. El inventor no fue Méliès, el inventor del cine fue inventora, una mujer a la que se intentó olvidar: Alice Guy.

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Una foto y una historia

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Aquella mañana del 1 de mayo de 1947 Evelyn McHale era una más de las visitantes que disfrutaban de las vistas de Nueva York desde el mirador del piso 86 del Empire State Building. Una chica guapa de 23 años, impecablemente vestida, que no destacaba especialmente entre el resto de turistas.

Horas antes se había despedido de su prometido con una sonrisa en la estación de Easton. Había cogido el tren de las 7 de la mañana y recorrió los 100 kilómetros hasta Nueva York para llegar a su casa. Pero cuando llegó a las 9 a la estación de Pensilvania no fue directa su casa. Cruzó la calle y entró en el Governor Clinton Hotel, donde escribió una nota.

Salió del hotel, caminó dos manzanas y llegó al Empire State Building.  Compró una entrada para el mirador poco antes de las 10.30.  Sobre las 10.40 se quitó el abrigo, lo dobló cuidadosamente y lo dejó en el suelo  junto a un kit de maquillaje y un libro de bolsillo.

Luego saltó al vacío.

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La suerte del soldado Powers

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Era marzo de 1958, un día cualquiera en el pequeño pueblo de Mont d’Origny, en el norte de Francia, cerca de la frontera con Bélgica. Hay un accidente automovilístico frente a la casa de Yvette Beleuse. Allí vive la joven madre junto a sus cinco hijos, nadie más.

Pero al llegar la policía al lugar ven la figura de un hombre mirando a través de las cortinas, alguien que no debería estar ahí. De hecho es alguien que debió estar junto a su unidad 14 años antes, alguien que se esfumó y que ahora reaparece desde las sombras. Es Wayne Powers, un desertor del ejercito estadounidense durante la batalla de las Ardenas, en 1944.

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La suerte del soldado Slovik

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Durante la Segunda Guerra Mundial, cerca de 50.000 soldados estadounidenses desertaron de sus tareas. De estos, a más de 21.000 se les condenó a diversas penas, la mayoría de ellas de arresto o encarcelamiento. Una junta de clemencia revisaba los casos graves, reduciendo las sentencias en el 85 por ciento de ellos.

Se decretaron 49 sentencias de muerte.

De esas 49 condenas a muerte, se conmutaron 48. Solo un soldado estadounidense fue ejecutado por deserción: Edward Slovik, 24 años, en sus propias palabras “el tipo menos afortunado del mundo”.

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Feliz Navidad

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Feliz Navidad a todo el mundo. Un poco forzado por cuestiones personales, este blog empieza ya sus vacaciones hasta el año próximo. En la página de Facebook seguiré recuperando entradas pasadas que me parezcan interesantes. Y en 2017 volveré con historias nuevas. Tengo ya alguna en mente que creo que os gustará.

Gracias

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Parece mentira ¿verdad?